¿Cuáles son las infecciones oculares más frecuentes?
Las infecciones oculares suelen afectar a ambos ojos, aunque pueden comenzar en uno de ellos y extenderse al otro en pocos días.
La vista es uno de los sentidos más importantes del ser humano y el que más utilizamos, por lo que cualquier problema o enfermedad que afecta a los órganos de la visión, los ojos, puede resultar bastante limitante y molesto.
Los problemas o enfermedades oculares pueden estar causados por fallos morfológicos internos que afectan a la visión, como una curvatura deficiente o un cristalino que se vuelve más opaco, y muchas veces van asociados a la edad. Miopía, astigmatismo, cataratas o degeneración macular asociada a la edad, son algunas de estas patologías.
Sin embargo, la acción de agentes externos, como virus, bacterias y hongos, también puede generar enfermedades oculares con síntomas muy molestos, más cuando los ojos, por su humedad constante, reúnen las condiciones perfectas para que los gérmenes proliferen. En estos casos, aunque con el tratamiento indicado, estas patologías suelen evolucionar favorablemente, en ocasiones pueden generar algunas complicaciones.
Enrojecimiento, dolor, secreción del ojo, lagrimeo, sequedad ocular, sensibilidad a la luz, hinchazón, picazón y visión borrosa son los síntomas más comunes que nos indican que podemos tener una infección ocular. Pero para tratarla de la forma correcta, primero debemos identificar el agente patógeno que la está produciendo.
Causas y Tipos de Infecciones de los Ojos
Conjuntivitis
Es una de las infecciones de los ojos más comunes. Se caracteriza, sobre todo, por una inflamación de la membrana mucosa conjuntiva, que es la que cubre la parte anterior del ojo y el interior de los párpados. Pueden tener un origen tanto bacteriano como vírico, y suelen ser muy contagiosas.
La conjuntivitis bacteriana es una infección causada por bacterias del tipo Staphylococcus aureus, Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae, entre otras. Es más frecuente en los niños y se da sobre todo en los meses de invierno y a principios de la primavera.
El síntoma principal es una secreción del ojo amarillenta o verde-amarillenta y pegajosa en el ángulo interno del mismo. Se contagia muy fácilmente por contacto directo con las manos infectadas o al compartir elementos que hayan tocado el ojo, como útiles de aseo. El tratamiento con antibióticos es el más efectivo para la conjuntivitis bacteriana.
La conjuntivitis vírica suele estar relacionada con una infección respiratoria previa causada principalmente por el virus adenovirus y también es muy contagiosa. Suele aparecer primero en uno de los ojos, con una secreción blanquecina, que se puede extender al otro con facilidad. El tratamiento con gotas oftálmicas con corticosteroides es el más indicado en el caso de conjuntivitis víricas.
Otras causas de la conjuntivitis pueden ser alergias que afectan a los ojos, el uso de lentillas, un cuerpo extraño en el ojo o la exposición a agentes químicos. En estos casos la irritación suele ser puntual y no supone una patología contagiosa. Así como en las conjuntivitis víricas, las gotas oftálmicas con corticosteroides también son el tratamiento recomendado para las originadas por alergias.
Orzuelo
Un orzuelo se desarrolla cuando una glándula sebácea del borde del párpado se infecta por la bacteria estafilococo. Esta proliferación bacteriana origina un absceso en las glándulas sebáceas que rodean el párpado y produce algo muy similar a un grano o protuberancia, que puede crecer hacia adentro o hacia afuera. Junto al bulto en el párpado, los signos del orzuelo son dolor, enrojecimiento de la zona, inflamación y aumento de la sensibilidad.
La mayoría de los orzuelos desaparecen por sí mismos al pasar unos días, aunque rara vez puede ser necesario un tratamiento con antibióticos o una pequeña intervención quirúrgica para drenar el absceso. Aunque la higiene de las manos antes de tocarse los ojos es el mejor método de prevención, la persona que tiene un orzuelo, para evitar el contagio, debe mantener sus manos y ojos limpios, y no compartir almohadas, sábanas, pañuelos o toallas con otras personas.
Queratomicosis
Las queratomicosis son infecciones de la córnea del ojo causadas por hongos no-patogénicos y se produce por traumatismos accidentales que facilitan que el organismo penetre en el ojo. Fotofobia, sensación de cuerpo extraño en el ojo, dolor ocular y ulceración en la que se puede observar líneas concéntricas que corresponden con los filamentos fúngicos, son los síntomas comunes de esta infección de los ojos.
Agricultores, jardineros y trabajadores de la construcción son los grupos más expuestos a presentar queratomicosis, ya que el medio rural permite el contacto del ojo con superficies vegetales contaminadas. Pero esta infección también puede producirse por un mal uso de las lentes de contacto o por condiciones de humedad, polvo, altas temperaturas y viento.
Este tipo de infección de los ojos se confunde generalmente con infecciones bacterianas, por lo que para su diagnóstico es necesario la realización de cultivos directos o PCR. Aunque el tratamiento recomendado es con antifúngicos, en casos graves se puede requerir cirugía.
Blefaritis
La blefaritis es otra afección ocular muy común que consiste en la inflamación de los párpados. Se produce por bacterias y secreciones aceitosas en la base de las pestañas que obstruyen las glándulas sebáceas. El tratamiento debe ser individualizado y dirigido a la causa que origina la afección y puede incluir gotas o pomadas con corticosteroides y antibióticos tópicos.
Endoftalmitis
La endoftalmitis es una infección de los fluidos oculares ante la presencia en el interior del ojo de bacterias u hongos. Puede producir dolor ocular intenso, secreción de pus o sensibilidad a la luz y se suele tratar con antifúngicos o antibióticos según la causa que ha originado la infección.
Uveitis
La uveítis se produce cuando la capa intermedia del globo ocular, la membrana que la envuelve y se llama úvea, se inflama y se enrojece a causa de una infección vírica o de una lesión ocular. Si no se trata, la uveítis puede convertirse en una enfermedad grave que puede afectar de forma irreversible a la visión y ocasionar ceguera. El tratamiento de esta infección ocular dependerá de la causa de la inflamación y debe iniciarse lo antes posible. Generalmente incluye el uso de antibióticos, corticoides en forma de inyecciones o colirios, y el uso de gafas oscuras.
Es necesario recordar que ante cualquier molestia o síntoma ocular, es necesario acudir a un médico u oftalmólogo para que realice un diagnóstico preciso y aplique el tratamiento adecuado. Además, para prevenir cualquier patología de los ojos, es importante atender a una buena higiene de manos antes de manipular los ojos, sobre todo las personas que utilizan lentes de contacto.
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