ABDUL-BAHA EL SIERVO DE BAHA

'ABDU'L-BAHÁ: EL SIERVO DE BAHÁ

 

Cuando el océano de Mi presencia haya menguado y esté concluido el Libro de Mi Revelación, volved vuestros rostros hacia Aquel a Quien Dios ha propuesto, Quien ha brotado de esta Antigua Raíz.

Bahá'u'lláh43

 

 

Nacimiento e infancia

 

'Abbás Effendi, Quien después asumió el título de 'Abdu'l-Bahá (Siervo de Bahá), fue el hijo mayor de Bahá'u'lláh. Nació en Teherán poco antes de la medianoche del 23 de mayo de 1844,44 en la misma noche en la que el Báb declaró Su misión.

Tenía nueve años de edad cuando Su padre, por Quien Él sentía ya entonces devoción, fue arrojado en un calabozo de Teherán. Una muchedumbre saqueó Su casa, la familia fue despojada de sus bienes y quedó en la miseria. 'Abdu'l-Bahá nos cuenta cómo un día le permitieron entrar al patio de la prisión a ver a Su amado padre cuando salía a hacer Su ejercicio diario. Bahá'u'lláh estaba terriblemente cambiado, y tan enfermo que apenas podía caminar; Su cabello y Su barba, descuidados; Su cuello, irritado e hinchado por la presión de un pesado collar de acero y Su cuerpo, encorvado bajo el peso de Sus cadenas. Esta visión produjo una impresión inolvidable en la sensible mente del niño.

Durante el primer año de Su residencia en Baghdád, es decir, diez años antes de la declaración pública de la Misión de Bahá'u'lláh, la clara inteligencia de 'Abdu'l-Bahá, que entonces sólo contaba nueve años de edad, ya lo inspiró a hacer el trascendental descubrimiento de que Su padre era ciertamente el Prometido, cuya Manifestación esperaban todos los bábís. Sesenta años más tarde Él describió el momento en el cual esta convicción anonadó repentinamente todo Su ser:

 

Yo soy el siervo de la Bendita Perfección. En Baghdád yo era un niño. Allí Él me anunció la Palabra y en Él creí. Tan pronto como me proclamó la Palabra, caí ante Sus benditos pies y le supliqué e imploré que aceptara mi sangre como un sacrificio en Su camino. ¡Sacrificio! ¡Qué dulce encuentro esa palabra! ¡No hay para mí mayor recompensa que ésta! ¡No puedo concebir gloria más grande que ver este cuello encadenado por Su bien, estos pies con grilletes por Su amor, este cuerpo mutilado y tirado a las profundidades del mar por Su Causa! Si en realidad somos Sus sinceros amantes y si en realidad yo soy Su sincero siervo, entonces debo sacrificar mi vida y todo lo que soy en Su umbral bendito.45

 

Por este tiempo empezó a ser llamado por Sus amigos "El Misterio de Dios", título dado por Bahá'u'lláh y por el que era normalmente conocido durante el período de Su residencia en Baghdád.

Cuando Su padre se retiró por dos años al desierto, 'Abbás quedó muy triste. Su principal consuelo consistía en copiar y aprender de memoria las Tablas del Báb, y pasaba gran parte de Su tiempo en solitaria meditación. Cuando al fin regresó Su padre, el muchacho se sintió henchido de alegría.

Juventud

 

Desde entonces se convirtió en el compañero inseparable de Su padre y, por así decirlo, en Su protector. Aunque muy joven, ya mostraba asombrosa sagacidad y discernimiento, y se encargaba de entrevistar a los muchos visitantes que venían a ver a Su padre. Si encontraba que eran sinceros buscadores de la verdad, los admitía ante la presencia de Bahá'u'lláh, y si no lo eran, no permitía que lo molestaran. En muchas ocasiones ayudaba a Su padre a resolver dificultades y contestar preguntas de estos visitantes. Por ejemplo, cuando en una ocasión uno de los jefes sufíes, llamado 'Alí Shawkat Páshá, pidió la explicación de la frase: "Yo era un misterio oculto", que aparece en una conocida tradición islámica,46 Bahá'u'lláh se dirigió al "Misterio de Dios", 'Abbás, y le pidió que escribiera la explicación. El joven, que entonces tenía quince o dieciséis años de edad, sin vacilar escribió una importante epístola, e hizo una exposición tan brillante que asombró al Páshá. Esta epístola está ahora muy difundida entre los bahá'ís y es muy conocida por muchos fuera de la Fe Bahá'í.

Por este tiempo 'Abbás era frecuente visitante de las mezquitas, donde solía discutir asuntos teológicos con los doctores y sabios. Nunca había asistido a ninguna escuela o universidad. Su único profesor había sido Su padre. Su distracción favorita era montar a caballo, lo que le proporcionaba gran placer.

Después de la declaración de Bahá'u'lláh en el jardín en las afueras de Baghdád, fue aún más grande la devoción de 'Abdu'l-Bahá hacia Su padre. En el largo viaje a Constantinopla cuidaba de Bahá'u'lláh noche y día, cabalgando al lado de Su carro y vigilando cerca de Su tienda. En lo posible aliviaba a Su padre de los cuidados y responsabilidades de la familia, convirtiéndose en el apoyo y consuelo de todos.

Durante los años pasados en Adrianópolis, 'Abdu'l-Bahá captó el afecto de todos. Enseñaba mucho y era generalmente conocido como el "Maestro". En 'Akká, cuando casi todo el grupo cayó enfermo de fiebres tifoideas, malaria y disentería, Él lavaba a los enfermos, los curaba, los alimentaba, los vigilaba sin descanso, hasta que, exhausto, enfermó Él mismo de disentería y durante un mes estuvo grave. En 'Akká, como en Adrianópolis, gente de todas las clases sociales, desde el gobernador hasta el último mendigo, aprendieron a amarlo y a respetarlo.



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Roberto Exposito Vierna

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