CONMISERACIÓN Y AUTOCONMISERACIÓN

Si alguien siente conmiseración de sí mismo, se habla de autoconmiseración. Este sentimiento surge del pesimismo y el egoísmo. Quien es pesimista piensa que el infortunio gobierna su vida: por eso se compadece de su mala fortuna.

El concepto de conmiseración, que procede del vocablo latino commiseratio, se utiliza para hacer referencia a la misericordia o la piedad que se experimenta ante el malestar o el dolor de una persona. La conmiseración, por lo tanto, se vincula a la tristeza que siente un individuo al representarse el mal que sufrió o está sufriendo un tercero.

La conmiseración está relacionada con la empatía. Cuando un sujeto se compadece de otro, surge la conmiseración. Esto se debe a que entiende el dolor ajeno ya que se proyecta y puede suponer cómo se sentiría si se encuentra en la misma situación. La conmiseración puede dar paso a la solidaridad y generar alguna acción que ayude a que la persona que está sufriendo sienta alivio.

Si alguien siente conmiseración de sí mismo, se habla de autoconmiseración. Este sentimiento surge del pesimismo y el egoísmo. Quien es pesimista piensa que el infortunio gobierna su vida: por eso se compadece de su mala fortuna. Por otra parte, la autoconmiseración es egoísta debido a que la persona se concentra excesivamente en sus propios problemas y no presta atención a que, a su alrededor, otra gente también puede estar sufriendo.

La autoconmiseración puede ser tomada como una actitud que surge del egoísmo, pero también se puede entender como una respuesta ante el miedo, como una forma de defensa ante determinadas amenazas que percibe el sujeto. De por sí, alguien que se cree perseguido por la mala suerte convive a diario con el miedo. Como si esto fuera poco, esta condición suele acompañar de un profundo autodesprecio: el individuo no se considera merecedor de cosas buenas.

Para llegar a atravesar una etapa de autoconmiseración es necesario en primer lugar una falta de protección por parte de los adultos responsables durante la infancia. Es a partir de una serie de carencias internas que el sujeto llega a convencerse de que si no lo han querido es porque no se lo merecía y que, por lo tanto, es normal su falta de suerte. Las personas a su alrededor pueden sentir que su actitud es egoísta porque suele ocupar gran parte de su tiempo pensando en sus propios problemas y temiendo los que vendrán, pero en realidad esto se debe a que la situación lo consume.

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This article was written by:

Martha Cecilia Córdoba Palacios

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