Cerco en Algodonal-La Rosa

El 22 de septiembre nuevamente Toro rodeó a la 6.ª División paraguaya en Algodonal, maniobra que consideró como «la operación mejor ejecutada» de toda la campaña.114​Este rodeo lineal también fue imperfecto porque:
a) El ala sur, por donde era de esperar que el enemigo intentara escapar, era el más débil.
b) No existió coordinación en tiempo y lugar entre ambas alas.
c) No se fijó un punto de encuentro de las mismas.

El coronel Franco dispuso, como método de seguridad, rodear exteriormente sus fuerzas con gran cantidad de retenes compuestos por 3 o 4 hombres diseminados en el desierto, unidos por picadas de enlace que eran recorridas por un soldado 2 o 3 veces por día. Esta tenue y sensible telaraña le permitía descubrir con anticipación el movimiento del enemigo sin que este se diera cuenta de que había sido detectado.115​

El teniente coronel paraguayo Paulino Antola, antes de que las fuerzas bolivianas consoliden sus posiciones, concentró todas sus fuerzas en un punto. El regimiento paraguayo RC-1 Valois Rivarola rompió las líneas del RC-3 Chuquisaca y abrió el cerco a toda la División hacia La Rosa de donde también logró zafarse sin problemas.116​El ejército boliviano realizó estas maniobras de envolvimiento y búsqueda con mucho sacrificio y bajas.13​

La segunda reunión fue al día siguiente con la presencia de Salamanca, Peñaranda, Tejada Sorzano y Rivera. Como si las relaciones entre Salamanca y los mandos militares necesitaran ser peores, Salamanca tenía en las manos una carta de Toro en la que reclamaba que su «victoria» de Algodonal no había tenido suficiente cobertura en la prensa. Toro manifestaba que 7000 bolivianos habían vencido a 8000 paraguayos que, sin poder escapar a través de ninguna brecha, se vieron obligados a un ataque masivo para salir del cerco por arriba de los cuerpos de los defensores bolivianos. Toro parecía pasar por alto que pese a las dificultades del enemigo para escapar esto no lo transformaba en una victoria. Incluso duplicaba el tamaño de las fuerzas paraguayas encerradas y subestimaba las propias fuerzas.Bruce W. Farcau, historiador estadounidense,
en Farcau (1996, p. 188)

El coronel Franco preparó la defensa de Yrendagüé y para su sorpresa Toro detuvo su avance para concentrar mayor cantidad de unidades.

Para prever un ataque desde la zona de Ravelo, al norte, Estigarribia ordenó la captura del fortín Ingavi. Franco envió un batallón de 150 hombres apoyados por 5 camiones que estaban estacionados en la laguna Pitiantuta desde julio de 1932. Esa unidad, luego de una marcha de 220 km a través de un monte impenetrable, capturó el fortín el 5 de octubre de 1934.

  • Cerco en Yrendagüé

El 9 de noviembre, el coronel Toro, con tres divisiones más dos regimientos que logró sacarle al Segundo Cuerpo, volvió a cercar en Yrendagüé a la 6.ª División y a la DRG (División de Reserva General). Toro esperaba lograr una gran victoria que lo llevaría políticamente a la presidencia de Bolivia. Invitó a los generales Peñaranda y Rivera y los ministros Alvéstegui y Sanjinez a su puesto de mando para presenciar el curso de la batalla.117​

Una vez más el lento aferramiento boliviano permitió que las fuerzas paraguayas tuvieran plena libertad para reagruparse. El 11 de noviembre de 1934, el coronel Franco concentró todas sus fuerzas sobre el Regimiento boliviano Cochabamba, rompió el cerco y se retiró hacia Picuiba. El historiador boliviano Luis F. Guachalla definió como «torista» a estas maniobras del coronel Toro, que se caracterizaron por ser:

Rodeos lineales con reducido radio y con una fuerza equivalente en ambas alas de maniobra, la cual anulaba en la práctica la eficacia de un centro de gravedad (...). El Comando paraguayo, conocedor de esta modalidad estereotipada, disponía siempre, con acierto y oportunidad, lo que procedía hacer para burlar estos ganchos destinados a cerrarse detrás de sus efectivos, vale decir: escurría sus tropas por el espacio todavía abierto, o rompía la línea cercadora necesariamente débil, o accionaba enérgicamente contra una de las dos alas del rodeo impidiendo o retrasando el cumplimiento de su cometido.Luis F. Guachalla, historiador boliviano,
en Guachalla (1978, p. 202)

Toro atribuyó el fracaso al coronel Ayoroa e indirectamente a su eterno rival, el coronel Bilbao Rioja, por no haberlo ayudado con sus fuerzas. Se burló además de la captura del fortín 27 de Noviembre realizada por este último:

No faltó la nota teatral en esta memorable jornada. Las fuerzas del Segundo Cuerpo que avanzaron sobre el fortín 27 de Noviembre, anunciaron por orden del comando [Bilbao Rioja] que habían cercado a un regimiento enemigo. El parte dirigido a los ministros Alvéstegui y Sanjinés fue prontamente rectificado. Se trataba solo de un batallón enemigo, resultando luego que no había ni una sombra dentro del cerco, acabando los cercadores por hacerse fuego entre ellos.Coronel David Toro,
en (Querejazu Calvo, 1981, p. 345)

A fines de noviembre las fuerzas paraguayas tuvieron que abandonar el fortín Picuíba a donde habían retrocedido. Así, lo que el coronel Franco logró en 16 días (de Picuíba a Carandaitý), el coronel Toro lo revirtió en agotadores y costosos tres meses de lucha (septiembre a fines de noviembre de 1934). Años después de terminada la guerra, el coronel Toro escribió en su libro que «esas acciones constituyeron las páginas más brillantes de nuestra historia».118​En 1944, el coronel Ángel Rodríguez criticó estos comentarios de Toro diciendo que si él se había adjudicado como una «victoria» la retirada de Conchitas con más razón los paraguayos debían adjudicarse como victorias las retiradas de Carandaitý, Algodonal, La Rosa, etc., donde además de burlar las tenazas se llevaron prisioneros y armamentos bolivianos.119​

Cerco en Algodonal-La Rosa
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Carlos Delvalle Gonzalez

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