Isabel de Portugal, desdichada a pesar de su éxito

Isabel de Portugal, desdichada a pesar de su éxito


Isabel de Portugal —o de Avis, el nombre de su dinastía— nació 24 de octubre de 1503 en el palacio de su padre, el rey Manuel de Portugal. Como una de las primeras princesas renacentista, recibió una formación intelectual además de la religiosa. A pesar del reducido territorio de Portugal, creció en una de las Cortes más bien informadas e influyentes, pues los grandes beneficios que obtenían los portugueses con las especias de las Indias hicieron que su padre fuera el rey más rico de Europa. Se convirtió en una de las princesas mas bellas de Europa, sensible e inteligente, lo tenía todo para triunfar en la vida.

Se ha escrito que su ilusión era contraer matrimonio con su primo Carlos de Castilla. El destino y sus capacidades propiciaron que superara sus sueños más exagerados; pero el concurso de una serie de circunstancias motivaron que pagara un elevado precio personal por ello, pasando a la historia como una desgraciada.

Quince años después muere su madre María de Castilla y al año siguiente su padre se casa con la infanta Leonor de Austria —hermana del rey Carlos I de Castilla y sobrina de sus dos anteriores esposas—. Es decir, que Leonor era prima carnal de su hijastra Isabel, pasando a ser también su madrastra. La nueva reina de Portugal estaba considera la princesa casadera más apetecible de Europa y se encontraba hasta entonces comprometida con el Infante Juan de Avis (el hermano de Isabel). Éste quedó desolado con que su prometida se convirtiera en su madrastra, hasta el punto de cambiar de carácter, convirtiéndose en un joven melancólico y muy religioso. En cuanto a Isabel, esta tenía diez años menos que su nueva madrastra, consiguiendo mantener una buena relación durante los años que convivieron en Lisboa.

Rey Manuel I de Portugal Leonor de Austria Catalina de Austria, Reina de Portugal Juan de Avis (Juan III de Portugal)

Dos años después se muere el rey Manuel. Con la Guerra de las Comunidades casi acabada y los franceses expulsados de Navarra, Castilla volvía a ser una temible potencia. Nada más ser proclamado Rey en diciembre de 1521, su hermano Juan III pacta con su primo Carlos un doble matrimonio: éste se casaría con su hermana Isabel de Portugal, en tanto que Juan contraería matrimonio con Catalina de Austria (la hermana pequeña de Carlos y de Leonor). Desde que nació, Catalina había estado encerrada en Tordesillas haciéndole compañía a su madre la reina Juana la loca. Haberse pasado toda la vida en tan terrible ambiente hizo que Catalina no tuviera el buen carácter de Leonor (ni tampoco su belleza). Fue un mal cambio para Juan III, pero de ese modo se aseguraba evitar la guerra con su poderosísimo primo y vecino; el pacto también le obligaba a Juan a entregarle a Carlos una astronómica dote de oro. Garantizada la paz peninsular, Leonor de Austria regresó a Castilla con su hermano, debiendo dejar allí a su hija María —de solo seis meses de edad—.

La boda entre Juan y Catalina se celebró rápidamente. Pero Carlos no tenía prisa por casarse con Isabel de Portugal. Tardó casi tres años más hasta casarse por poderes, periodo en el que no se vieron. Se conocieron unos minutos antes de casarse, en los Reales Alcázares de Sevilla, el 1 de noviembre de 1525.

Real Alcázar de Sevilla

La pareja se trasladó a La Alhambra de Granada, donde quedaron perdidamente enamorados, concibiendo allí a su heredero. Tan feliz fue la estancia de los recién casados en La Alhambra que encargaron la construcción de un palacio más a su gusto renacentista, en el que establecer su residencia permanente. Pero el comienzo de una nueva y peligrosísima guerra con Francia —que en esta ocasión había conseguido aliarse con dos potencias tan poderosas e incompatibles como el papado y los turcos— aconsejaron el traslado de la familia al Palacio Real de Valladolid. Allí tuvo Isabel un complicado embarazo; hasta que los médicos recomendaron que se trasladara a otro palacio menos frío en el que pasar el duro invierno de esa ciudad. Por ello se fue a vivir al Palacio de Pimentel.

Palacio de Pimentel

El 21 de mayo de 1527 en ese palacio de Pimentel nació su hijo Felipe. La extraordinaria importancia de preservar la vida del recién nacido de las habituales bajas temperaturas de Valladolid (a pesar de ser ya primavera) aconsejaron que el bebé no saliera al aire libre; por lo que para bautizarlo se construyó una pasarela techada y cerrada que comunicase el palacio —por encima de la calle— con la vecina iglesia del convento de San Pablo. Estos primeros años de matrimonio con Carlos fueron muy felices, aunque su pasión le supuso dos embarazos sucesivos que la dejaron débil y enferma. Su precaria felicidad desapareció cuando su marido la dejó al mando del reino mientras viajaba a Italia para alejar al Papa de su alianza con Francia y convencerle para que le coronase —pues su antecesor en el cargo, su abuelo Maximiliano, nunca llegó a conseguir que el Papa lo coronase—. Antes de marcharse Carlos le deja embarazada a su esposa del tercer hijo; pero antes de que regresase coronado a Valladolid, el niño murió, dejando desolada a su madre.

Carlos e Isabel, copia de Rubens de cuadro de Tiziano. Museo del Prado.

Isabel de Portugal llegó a estar más de cuatro años gobernando el reino en ausencia de su esposo. Nada más reencontrarse con Carlos volvió a quedar embarazada, sufriendo un aborto. Meses después se queda embarazada de su niña, que se llamó Juana. Su marido debió de marchar a la guerra dejándola de nuevo a cargo del reino. Al poco de regresar la volvió a dejar embarazada, pero el bebé no logró sobrevivir.

Pero el regreso del Emperador supuso un nuevo embarazo que la reina-regente afrontó en un estado de enorme debilidad; ante la gravedad de la situación de su esposa, esta vez Carlos se quedó con ella para acompañarla en su séptimo embarazo. Pero el apoyo moral de su marido no fue suficiente para evitar que Isabel de Portugal sufriera un aborto en el cuarto mes de embarazo. Muy debilitada física y anímicamente, unos días después moría en el toledano Palacio de Fuensalida el 1 de mayo de 1539. Por la mente del Emperador pudo pasar cierto complejo de culpa por sus largas ausencias y los esfuerzos de su esposa por cumplir sus obligaciones de reina en su ausencia. Prueba del amor de Carlos por Isabel es que no tuvo hijos bastardos mientras estuvo casado con ella (algo que si tuvo de soltero y de viudo) y que no volvió a casarse.


Isabel de Portugal, desdichada a pesar de su éxito
Article Number: 26521
Read. 49 Time.
Rate this article.
Thank you for your vote.

This article was written by:

Roberto Exposito Vierna

Contact Me.

  • Email
  • Email
View More. Close.

article.Autor.author_review

Other articles written by this Author.