LAS VENTAJAS DEL COOPERATIVO FRENTE AL NACIONAL

La organización de Naciones Unidas ha reconocido que las cooperativas son un modelo de negocios que debe ser promovido en todo el mundo. No sólo por el reconocimiento de los valores que conlleva este modelo solidario que utilizan las personas para producir, consumir o proveerse de bienes y servicios para su vida o su actividad sino porque permite a los individuos que las integran controlar la organización de la que son parte, de modo democrático. Ivano Barbariani, ex director de la Alianza Cooperativa Internacional en su libro Cómo vuela el abejorro lo explica en palabras sencillas: una cooperativa es como un grupo de niños que juegan juntos, que tienen su propia manera de hacer las cosas y que, por lo tanto, generan una propia forma de comunidad. Ellos nominan a sus propios líderes de un modo que respeta los deseos de los involucrados, ya que la democracia interna es una condición para el funcionamiento de estas organizaciones. “No somos corporaciones, ni ONG. Somos cooperativistas y queremos la democracia en nuestro negocio. Somos sostenibles y desarrollamos comunidades respetando sus intereses”, precisa Ahsan Ali Thakur, vicepresidente del Comité de Juventud Regional de Asia y el Pacífico en la Alianza Cooperativa Internacional. Esta organización, que busca representar a todo el movimiento cooperativo global, definió las cooperativas como “asociaciones autónomas de personas unidas voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes a través de una empresa de propiedad ‘conjunta y democráticamente controlada”. Esta definición comienza a explicitar las diferencias entre el modelo de negocios cooperativo y el tradicional, entendido éste como el de las corporaciones de accionistas o el de organizaciones privadas de capital limitado. Mientras la cooperativa es propiedad de sus miembros, una compañía privada es de un inversor o de un grupo de accionistas. La primera está controlada en forma -ya lo hemos dicho- democrática, de modo que cada uno de sus miembros tiene un voto en las decisiones de importancia, de forma independiente a su participación accionaria. Sus miembros están involucrados en las operaciones diarias del negocio y reciben servicios por sus aportes. Por el contrario, los negocios tradicionales están controlados por sus accionistas de acuerdo con su participación en la inversión. Las decisiones de negocios y la política empresarial son tomadas por un consejo de administración y por funcionarios corporativos. Otro nivel de diferencias tiene que ver con el impacto social o público de las organizaciones. Mientras las cooperativas tienen como objetivo promover el desarrollo comunitario, las compañías privadas tienen la opción de participar en parte de sus ganancias en determinadas actividades filantrópicas comunitarias. Mientras las primeras buscan maximizar el servicio y la satisfacción de clientes y asociados, las segundas buscan maximizar los rendimientos de los accionistas. En lo que hace a la administración interna, en las cooperativas, el consejo es directamente responsable ante los miembros a través de procedimientos de nominación, elección e incluso remoción. En tanto, en las compañías privadas los procedimientos de elección y nominación de la junta ofrecen pocas oportunidades de vigilancia a los accionistas. Además, es muy improbable que los accionistas puedan remover a miembros del consejo directivo. Por supuesto, los excedentes obtenidos por una cooperativa o se reinvierten o se reparten entre sus miembros, de modo que quienes forman parte comparten solidariamente pérdidas o ganancias. En los negocios tradicionales los beneficios se reparten entre los accionistas, en proporción al capital aportado. Además, las corporaciones generalmente no están obligadas a pagar dividendos. Por supuesto, ninguno de estos principios de funcionamiento asegura por sí mismo el éxito o el fracaso de una cooperativa en un nicho de negocios en particular, aunque sí previene eventuales problemas en la gestión a partir de los distintos niveles de control sobre la administración que están disponibles para los miembros. Esto, que es un beneficio, también puede volverse en contra de este tipo de organizaciones cuando un grupo de asociados busca trabar el funcionamiento de la administración, aunque se entiende que el funcionamiento mismo del sistema debería subsanar el problema. Se trata, en suma, de un modelo particularmente abierto a las nuevas necesidades de las empresas y aplicable especialmente para empresas en situación de crisis, tal cual lo ha comprendido Naciones Unidas. En una línea: se trata de un modelo de negocios que involucra a una comunidad en su propio sostenimiento.
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Francisco Alvarado

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