OS LUSÍADAS Luís de Camoés ( Canto Quarto LXXVIII a XCIV)
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LXXVIII.
«De la ciudad la gente, en aquel día,
Unos de amigos, otros por parientes,
Muchos por ver tan solo, concurría
Con rostros pensativos, no rientes:
Nosotros con la santa compañía
De asaz de sacerdotes diligentes,
En procesión solemne, a Dios rezando,
Íbamos a las naves caminando.»
LXXXIX.
«En tránsito tan largo y tan nocivo,
Por perdidos las gentes nos juzgaban:
Las mujeres con lloro compasivo,
Los hombres con suspiros que exhalaban,
Madres, hijas, esposas (que el más vivo
Amor más desconfía) acrecentaban
La desesperación, el frío miedo
De no volver a vernos ya tan cedo.»
XC.
«Cuál va diciendo: ¡Oh hijo! a quien tenía
Por refrigerio solo y dulce amparo
De esta ya tan cansada vejez mía,
Que en lloro acabará penoso y raro,
¿Por qué me dejas en miseria impía?
¿Por qué de mí te ausentas, hijo caro,
A servir al funéreo enterramiento
En que a los peces sirvas de alimento?»
XCI.
«Cuál, suelto el pelo: ¡Oh dulce, amado esposo,
Que de mi ser la clave sois maestra!
¿Por qué vais a exponer al mar furioso
Esa vida que es mía, y que no es vuestra?
¿Cómo, por un camino tan dudoso,
Os deja ir la amistad tan dulce nuestra?
Nuestro bien, nuestro amor, nuestro contento,
¿Con las velas queréis se lleve el viento?»
XCII.
«Con tales voces y otras que decían
De piedad, y de amor, y de ternura,
Los viejos y los niños las seguían
En quien pone la edad mayor blandura.
Los más cercanos montes respondían
Cuasi movidos de tan gran tristura:
Las arenas sus lágrimas bañaban,
Que en el número de ellas se igualaban.»
XCIII.
«No alzábamos nosotros la cabeza
A madre ni a mujer, en tal estado,
Por no ver quebrantarse la firmeza
Del propósito fuerte comenzado;
Y embarcarnos dispuse con presteza,
Sin el último adiós acostumbrado;
Pues para el que se ausenta es dulce usanza,
Y al que queda le queda la esperanza.»
XCIV.
«Mas un viejo de aspecto venerando,
Que en las playas quedaba entre la gente,
En nosotros puestos los ojos, meneando
Tres veces la cabeza tristemente,
La voz, pesada un poco, levantando,
Que, en el mar escuchamos claramente,
Con el sabor que la experiencia ha hecho,
Estas voces sacó del sabio pecho:
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