OS LUSÍADAS (Canto Segundo CVI A CXIII)

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CVI.

Diciendo así, los barcos van reinando,

A la flota, que el Moro ver desea: Las naves, una, van rodeando,

Porque en todas lo note todo y vea.

Vulcano hácia los cielos disparando,

Desde el mar le festeja y bombardea;

Y las canoras trompas le tañian,

Y añafiles del Moro respondian.

CVII.

Mas despues que ya todo lo ha observado,

El generoso Rey, que se asombraba

Oyendo el instrumento inusitado

Que tamaño poder en sí mostraba,

Manda que quieto yazca y ancorado

El ligero batel que le llevaba,

Por platicar con Gama con delicia,

De cosas de que cuenta ya noticia.

CVIII.

En pláticas el Moro diferentes

Se deleitaba, preguntando ahora,

Por las guerras famosas y escelentes

Hechas al pueblo que el Koran adora:

Ya le pregunta por las bravas gentes

De la última Hesperia, donde mora:Ya por los fuertes pueblos, sus vecinos,

Ya del mar por los húmidos caminos.

CIX.

«Mas antes, noble Capitan, nos traza

(Le decia) puntual y diligente

El clima de tu tierra, y dó se emplaza

La region que habitais, distintamente;

Dínos la fuente, de tu antigua raza,

Y el monarca de reino tan potente,

Con las guerras y causas de tenerlas

Que cuánto valen sé, sin bien saberlas.

CX.

«Y los viajes nos cuenta, de horror llenos,

En que tanto corriste mar airado,

Viendo los usos bárbaros ajenos

Que nuestra África ruda ha procreado:

Cuenta; que vienen ya con áureos frenos

Los caballos que el carro tachonado

Del nuevo sol por arrastrar batallan,

Y duermen viento y mar, las ondas callan.

CXI.

«Y no menos al tiempo se pareceMi deseo de oir lo que contáres:

¿Que quien hay que de oir no se estremece

Las Portuguesas obras singulares?

No de nos tan lejano respladece

El claro sol, que á imaginar llegáres

Que en Melinde tan ruda mente habemos,

Que las grandes acciones no estimemos.»

CXII.

Embistieron soberbios los gigantes

Con guerra desigual al cielo puro:

Piritóo y Teseo, de ignorantes,

Atentaron del Orco al reino oscuro:

Si hechos hubo en el mundo tan sonantes.

No menos es trabajo ilustre y duro

Cómo fue el de embestir cielo y averno,

El de arrostrar del mar el trance eterno.

CXIII.

Quemó el templo sagrado de Diana,

Del hábil Tesifonio fabricado,

Eróstrato, por ser de gente humana

Conocido en el mundo y renombrado;

Si pues por tales obras nos afana

El deseo de un nombre aventajado,

Más razon es que quiera eterna gloria

Quien las hace tan dignas de memoria.

OS LUSÍADAS (Canto Segundo CVI A CXIII)
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Joaquim Ferreira

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