OS LUSÍADAS (Canto Segundo XXVII A XXXV)
Nota del editor:
Advertencia de Luarna Ediciones Este es un libro de dominio público en tanto que los derechos de autor, según la legislación española han caducado. Luarna lo presenta aquí como un obsequio a sus clientes, dejando claro que:
- La edición no está supervisada por nuestro departamento editorial, de forma que no nos responsabilizamos de la fidelidad del contenido del mismo.
- Luarna sólo ha adaptado la obra para que pueda ser fácilmente visible en los habituales readers de seis pulgadas.
- A todos los efectos no debe considerarse como un libro editado por Luarna.
XXVII.
Así cual junto al charco, al mor de luna
Las ranas, otro tiempo Licia gente,
Si sienten acercar persona alguna.
Estando en duro suelo incautamente,
De aquí y de allí saltando á la laguna
Por huir del peligro que se siente,
Métense en la sabida madriguera
Las cabezas no más dejando fuera:
XXVIII.
Así los Moros huyen; y el piloto
Que las naves al riesgo infiel llevára,
Creyendo que su engaño ya era noto,
Huye tambien, saltando al agua amara.
En tanto, por no dar en el innoto
Rochedo y por salvar la vida cara,
La Capitana el ancla arroja al punto,
Y las demas ancóran, de ella junto.
XXIX.
Viendo Gama el intento y la vileza
Del Máuro, no cuidada, y juntamente
Del huir del piloto la presteza,
Conoce la intencion de la impia gente;
Y al ver que, sin contraste y sin braveza
De viento, y de los mares sin corriente,
Pasar más adelante no podia,
Por divino teniéndolo, decia:
XXX.
«¡Oh caso grande, estraño y no esperado!
¡Oh milagro clarísimo, flamante!
¡Oh descubierto engaño descuidado!
¡Oh perfidia enemiga amenazante!
¿Quién podría del daño aparejado
Librar la vida, con saber bastante,
Si de arriba la guarda soberana,
No acudiera á la flaca fuerza. humana?
XXXI.
«Bien nos muestra la diva Providencia
De estos puertos la paz engañadora:
Bien nos hizo patente la evidencia,
Que la hospital confianza era traidora:
Mas ya que ni poder, ni humana ciencia,
Fraude tan bien urdido vé, ni esplora,
¡Oh tú, guarda celeste, tén cuidado
Del que sin ti no puede ser guardado!
XXXII.
«Y si á tanto se inclinan tus piedades
Por esta pobre gente peregrina;
Puesto que, por tu amor y tus bondades,
La salvas de la infiel gente felina,
A algun asilo y puerto de verdades,
Desde aquí conducirnos determina:
Ó muéstranos la tierra que buscamos,
Pues solo en tu servicio navegamos.»
XXXIII.
Estas palabras le escuchó piadosas
La hermosa Citeréa, y conmovida
Parte de entre las ninfas que llorosas
Quedaron de la súbita partida:
Ya sube á las estrellas luminosas:
Ya en el cielo tercero es recibida:
Pasa adelante, y en la sesta esfera
Entra, dó más de cerca el padre impera,
XXXIV.
Y como iba animada del camino,
Tan hermosa de aspecto se mostraba,
Que á estrellas, cielo y luz, y aire vecino
Y á cuanto la iba viendo enamoraba.
De sus ojos, que el nido peregrino
Del hijo son, ardores derramaba
Con que el polo y sus hielos encendia,
Y tornaba en volcan la esfera fria.
XXXV.
Por mas enamorar al soberano
Padre, a quien siempre fué tan dulce y cara,
Se le presenta tal cual al Troyano
Ya del Ida en el bosque, se mostrára.
Si la viese el garzón que el bulto humano
Perdió, viendo á Diana en fuente clara,
¡No le hirieran los propios canes feos,
Mas antes le acabaran. los deseos.
Read. 3674 Time.