OS LUSÍADAS (Canto Tercero CXXVii A CXXXIII)

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CXXVII.

«Tú, que de humano tienes voz y aspeto
(Si de humano es matar una doncella
Flaca y débil, por solo haber sujeto
El corazón del que logró vencella),
De estas pobres criaturas ten respeto,
Ya que no de la oscura muerte de ella:
Muévase la piedad de su agonía,
Pues no te mueve la no culpa mía.

CXXVIII.

«Y si, venciendo Alarbe resistencia,
La muerte sabes dar con fuego y fierro,
Sabe también dar vida con clemencia,
A quien para perderla está sin yerro;
O si merece tanto esta inocencia,
Pónme en perpetuo y mísero destierro,
Allá en la Escitia helada, ó Libia ardiente,
Donde en lágrimas viva eternamente.

CXXIX.

«Pónme dó más se use fuerza dura,
Entre pardos y tigres, y veremos
Si alcanzamos entre ellos la blandura
Que entre pechos humanos no podemos.
Allí la voluntad puesta y ternura
En aquel por quien muero, criaremos
Estas reliquias suyas que aquí viste;
Que consuelo serán de madre triste.»

CXXX.

«Perdonarla quería él, Rey benigno,
Sensible a las palabras que la abonan;
Mas el pueblo tenaz y su mal signo
Que lo quieren así, no la perdonan.
Las hojas sacan del acero indigno
Los que el hecho por bueno allí pregonan,
¿Contra una dama? ¡Oh pechos carniceros?
¡Así valientes sois y caballeros!

CXXXI.

«Como contra la linda Polixena,
Amor postrero de la madre anciana,
Porque la Aquílea sombra la condena,
Pirro apresta el acero y furia insana;
Y ella los ojos con que el mar serena,
Cual mansa oveja que a morir se allana
Vuelve a la triste madre que flaquece,
Y al sacrificio bárbaro se ofrece:

CXXXII.

«Tal contra Inés los crudos matadores
En el cuello y marfil, que sostenía
Las obras con que amor mató de amores
Al hombre que después Reina la haría,
Hundiendo el hierro entre las blancas flores
Que el llanto del dolor regado había,
Se encarnizaban torpes y furiosos,
Del futuro castigo no cuidosos.

CXXXIII.

«Bien pudieras ¡oh sol! del caso reo
Tus ojos apartar como aquel día
Cuando Tiéste, en el festín de Atréo,
De sus hijos los miembros se comía.
Cóncavos valles que gemisteis, creo,
La voz estrema de su boca fría,
El nombre de su Pedro que la oísteis,
Por espacio muy largo repetísteis.

OS LUSÍADAS (Canto Tercero CXXVii A CXXXIII)
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Joaquim Ferreira

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