OS LUSÍADAS (Canto Tercero CXXXIV A CXLIII)

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CXXXIV.

«Como pura azucena que cortada
Antes de tiempo fue cándida y bella,
Siendo entre los cabellos maltratada
Por mano esquiva de vivaz doncella,
Pierde aroma y color ya marchitada,
Tal muerta está la Lusitana estrella:
Secas las puras rosas, y perdida
La luz del rostro con la dulce vida.

CXXXV.

«Las hijas del Mondégo ¡oh noche oscura!
Llorando sin cesar te recordaron;
Y para alta memoria, en fuente pura
Las lágrimas lloradas transformaron:
El nombre le pusieron, que aun le dura,
De «Las Cuitas de Inés» que allí pasaron;
Y de esa fuente, hoy vida de las flores,
Son lágrimas el agua, el nombre Amores.

CXXXVI.

«Largo tiempo no fue sin que venganza
No aliviara de Pedro las heridas;
Que del reino al tomar cetro y balanza,
Hízola en los fugaces homicidas.
De otro Pedro, muy crudo, los alcanza
Que, enemigos los dos de humanas vidas,
Hicieron el feroz concierto insano
Que con Antonio y Lépido, Octaviano.

CXXXVII.

«Este castigador fue de maldades,
De latrocinios, muertes y adulterios,
Y los duros suplicios e impiedades
Eran sus más sabrosos refrigerios:
Justiciero guardaba las ciudades
De todos los soberbios vituperios,
Más ladrones lanzando a los profundos,
Que Teséo y Alcides vagabundos.

CXXXVIII.

«Del justo y duro Pedro nació blando
(Ve de natura la inconstancia terca)
Manso, remiso y sin vigor, Fernando,
Que a todo el reino a gran desdicha acerca;
Pues el Leonés a devastar entrando
La tierra sin defensa, estuvo cerca
De destruirse el Reino totalmente:
Que vil Rey torna en vil la brava gente.

CXXXIX.

«O castigo fue claro del pecado
De quitarle a Leonor a su marido
Y casarse con ella, aconsejado
De un falso parecer, mal sugerido:
O fue que el corazón entregó atado
Al vicio torpe a que se vio rendido,
Hízose al fin cobarde: que envilece,
Un amor que en el alma infame crece.

CXL.

«Sufrieron siempre del pecar la pena
Muchos de quien nos cuenta la Escritura:
La sufrió quien al robo fue de Helena,
Y con Opio, a Tarquino estrechó dura:
¿Y por qué a David santo se condena?
¿Y quién de Benjamín la tribu impura
Ya destruyó? Patente lo declara
Siquém en Dina, Faraón en Sara.

CXLI.

«Si los pechos más fuertes enflaquece
Un inconsciente amor desatinado,
Bien en el noble Alcides aparece,
Por Onfále de tocas adornado.
De Marco Antonio el nombre se oscurece
Con estar de Cleopatra enamorado;
Y tú, Peno inmortal, lo repetiste
Cuando de Apulla a moza vil te diste.

CXLII.

«¿Mas puede uno librarse por ventura
De lazos que arma Amor tan blandamente
Entre la nieve humana y rosa pura
Y el oro y alabastro transparente?
¿Quién resiste la plácida hermosura
De un rostro, de Medusa propiamente,
Que, si no en piedra, en Mongibelo inceso
Convierte el corazón que tiene preso?

CXLIII.

«¿Quién un dulce mirar, un gesto blando
Vió, ni una suave, angélica apariencia
Que sin cesar al alma está acechando,
Que hubiese contra tanto resistencia?
Disculpado por cierto está Fernando
Para quien del amor tiene experiencia;
Mas quien dél libertó su fantasía,
Culpado mucho más le juzgaría.»

OS LUSÍADAS (Canto Tercero CXXXIV A CXLIII)
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Joaquim Ferreira

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