OS LUSÍADAS (Canto Tercero LVII A LXIII)
Advertencia de Luarna Ediciones: Este es un libro de dominio público en tanto que los derechos de autor, según la legislación española, han caducado. Luarna lo presenta aquí como un obsequio a sus clientes, dejando claro que: 1) La edición no está supervisada por nuestro departamento editorial, de forma que no nos responsabilizamos de la fidelidad del contenido del mismo. 2) Luarna sólo ha adaptado la obra para que pueda ser fácilmente visible en los habituales readers de seis pulgadas. 3) A todos los efectos, no debe considerarse como un libro editado por Luarna.
LVII.
«Y tú, noble Lisboa, que en el mundo
Fácil de las demás eres princesa,
Que naciste del genio del facundo
Por cuyo engaño fue Dardania opresa;
Tú, a quien dócil se humilla el mar profundo,
Te humillaste a la audacia Portuguesa,
Asistida también de fuerte armada,
De las Boreales playas destacada.
LVIII.
«Del Germánico Álbis, y del Reno,
Y la fría Bretaña allí venidos,
Fueron a destruir al Sarraceno,
De inspiración cristiana conducidos;
Y embistiendo el bocal del Tajo ameno,
Del grande Alfonso al estandarte unidos,
A cuya sombra y fama van seguros,
Ponen el cerco a los Ulíseos muros.
LIX.
«Cinco luces la luna brilló entera,
Y otras cinco escondió su imagen clara,
Cuando el pueblo rendirse considera
Que es la suerte que el cielo le depara;
Y fue la lucha tan sangrienta y fiera,
Cuanto el firme propósito obligara
De vencedores ásperos y osados,
Y de vencidos ya desesperados.
LX.
«De este arte en fin, postrada se rendía
Aquella que en los tiempos ya pasados
Jamás a la gran fuerza obedecía
De los pueblos Escíticos osados:
Cuyo poder a tanto se extendía,
Que Íber y Tajo viéronle asombrados,
Y del Bétis gran tierra poseyendo
Con nombre de Vandalia fue creciendo.
LXI.
«¿Habrá ciudad alguna por ventura
Tan fuerte que resista, si Lisbona
No puede resistir la fuerza dura
De gente a quien laurel siempre corona?
Ya toda le obedece Estremadura,
Óbidos, Alenquer, y los que abona
Campos vívida linfa que entre piedras
Va murmurando alegre a Torres-Vedras.
LXII.
«Y vosotras ¡oh tierras Transtagañas!
Del don tan ricas de la rubia Céres,
Las ciudades le dais y las cabañas,
Obedeciendo a más que humanos seres:
Y tú, Moro cultor, ¡cuánto te engañas
Si sustentar el fértil campo quieres!
Ya Moura, y Serpa, y Elvas distinguidas,
Y Alcázar de la Sal están rendidas.
LXIII.
«Ved a la gran Ciudad, seguro asiento
Del rebelde Sertorio antiguamente,
De donde río líquido de argento
Hoy lejos va a surtir a tierra y gente
Por los arcos de Rey que ciento a ciento
En los aires se elevan noblemente:
Vedla ceder al brío y fuerza brava
De Giraldo, que medios no llevaba.
Read. 3533 Time.