OS LUSÍADAS (Canto Tercero LXIV A LXX)

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LXIV.

«Ya a la ciudad de Beja a imponer grave
Pena va de Trancoso destruida
Alfonso, a quien reposo no le cabe
Por alargar con fama corta vida;
Y aunque asaz poco resistirlo sabe,
No bien la ciudad triste cae rendida,
En lo que aún vivo está, la gente airada
Ensangrienta los filos de la espada.

LXV.

«Con ella subyugada fue Palmella
Y Coimbra Florida juntamente;
Y solo a fuer de su propicia estrella,
Desbarata un ejército potente;
Que yendo a la ciudad, al señor de ella
Ve que a ampararla viene diligente
Por la falda del monte, descuidado
Del temeroso encuentro inopinado.

LXVI.

«Era el de Badajoz, Rey y alto Moro,
Con cuatro mil caballos escogidos,
Y peones si a fin, de armas y de oro
A barbárica usanza guarnecidos.
Mas como en el de Mayo el bravo toro,
De vaca con los celos encendido,
Al sentir gente, bruto y ciego amante,
Asalta al descuidado caminante:

LXVII.

«Así Alfonso de pronto ha aparecido
A la gente que pasa bien segura:
Hiere, mata y derriba enfurecido,
Y huye el Rey, que salvarse solo cura:
Su ejército, de espanto poseído,
Todo seguirle en dispersión procura
Siendo los que esto hicieron (no lo callo)
Nada más que sesenta de a caballo.

LXVIII.

«Y sigue la victoria sin tardanza
El gran Rey incansable, reuniendo
Gente de todo el reino, cuya usanza
Era andar siempre tierra sometiendo.
Y cerca a Badajoz y luego alcanza
El fin de sus deseos, combatiendo
Con tanto esfuerzo, y arte, y valentía,
Que hace pronto a las otras compañía.

LXIX.

«Pero el Señor, que hasta muy lejos guarda
El castigo de aquel que lo merece,
Y para que se enmiende lo retarda,
Por designio que al hombre no aparece,
Si hasta aquel día al fuerte Rey resguarda
De tanto y tanto riesgo a que se ofrece,
Ora a la maldición le entrega impresa
Por la madre infeliz, que tiene aún presa.

LXX.

«Que en la ciudad estando que cercara,
Cercado en ella fue por Leoneses,
Porque aquella conquista les quitara
Suya de antes, que no de Portugueses.
La pertinacia aquí le costó cara,
Cual del hado sucede en los reveses,
Que cayó de su orgullo en el acceso,
Y en la lid que buscó, vencido y preso.

OS LUSÍADAS (Canto Tercero LXIV A LXX)
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Joaquim Ferreira

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