OS LUSÍADAS - Luís de Camoés (Canto Sétimo LXXVI a LXXX)
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Canto Sétimo
LXXVI
Rompe el aire el clarín, que el pensamiento
Es en la paz de trances militares,
Con el fuego el diabólico instrumento
Se hace oír en el fondo de los mares.
Todo el Catual lo nota: mas atento
Está siempre a los hechos singulares
De aquellos hombres cuya imagen propia
Traza allí la pintura en muda copia.
LXXVII
Allí el Gentil de pie, do Gama junto
Y Coello también, y el Mauritano,
Ponen la vista en el marcial trasunto
De encanecido viejo soberano,
Cuyo nombre jamás será difunto
Mientras hubiere en el mundo trato humano:
Su traje, que es de griego estilo muestra,
Y un ramo por señal lleva en la diestra.
LXXVIII
Un ramo por señal... Mas ¡oh cuán ciego
Yo que emprendo con paso temerario,
Sin vosotras del Tajo y del Mondego,
Por tan rudo camino, extenso y vario!
Vuestro favor imploro: que navego
Por alto mar con viento tan contrario,
Que si no me ayudáis, al cielo plegue
Que mi batel muy pronto no se anegue.
LXXIX
Mirad que há tiempo mucho que cantando
Vuestro Tajo voy ya, vuestros Lusíadas,
Y fortuna me trae peregrinando,
Sufriendo sus injurias duplicadas;
Ayer peligros de la mar pasando,
Hoy de Marte las furias desatadas,
Cual Canáce, ya pronto a la hora suma,
Una mano en la espada, otra en la pluma.
LXXX
Ora con la pobreza aborrecida,
Por ajenos hospicios degradado:
Ora de la esperanza ya adquirida,
De nuevo, más que nunca derribado:
Ora escapando apenas con la vida,
Que de un hilo pendía tan delgado,
Que no menos milagro fue librarse,
Que al Rey judáico en el cubil salvarse.
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