OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Décimo XLVI a L)
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XLVI.
Pues en tiempos de machos y aspereza,
Hambres, flechas, dolor, globos ardientes,
Y el cielo de la estación hace crudeza
Soldados bizarros y obedientes,
Parece de selvática fiereza,
De pechos inhumanos e insolentes
Penas extremas imponer por culpa
Que flaca humanidad, que amor disculpa.
XLVII.
Que el mal, no siendo abominable incesto,
Ni estupro de violencia en virgen pura.
Ni tampoco adulterio deshonesto,
Sino en esclava vil lascivia oscura:
Entonces si el varón, por mal dispuesto,
O dado a crueldad soberbia y dura,
El furor con los suyos no escasea,
Pone en su limpia fama tacha fea.
XLVIII.
Vió a Apeles a Alejandro enamorado
De su Campaspe, y diósela riente,
No siendo su fielísimo soldado,
Ni viéndose en temor duro y urgente.
Conoció Ciro que era devorado
Araspe por Pantéa en fuego ardiente,
Cuando en guarda teniéndola, ofrecía
Que no deseo vil le vencería.
XLIX.
Mas viendo el persa insigne que vencido
Fue por amor, que todo lo traiciona,
Fácil perdón le otorga y fue servido
De él, salvándole en pago la corona.
De Judit a la fuerza fue marido
El férreo Baldovino, y lo perdona
Su padre Cárlos, puesto en cosas grandes,
Dejándola que viva y pueble a Flandes.
L.
La ninfa prosiguiendo el largo canto,
A Suarez ensalzó, que sus banderas
Haría tremolar, llevando espanto
A las rojas Arábigas riberas.
Que del Medina infiel temblará tanto,
Cuanto Meca y Gidá, con las postreras
Playas de Abásia; y no del mal se exime
Barberá, de que el Zeile emporio gime.
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