OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Noveno LVI a LX)
Canto Noveno (LVI a LX)
LVI
Entre pomas el aire embalsamando,
Mil arbustos al cielo alzan los cuellos:
El naranjo en su fruto va ostentando
El color que usó Dafne en los cabellos:
Se enreda en el jazmín que está flotando,
Ya el citronero con sus frutos bellos,
Ya el limonero con sus puntas naturales,
Imitando los pechos virginales.
LVII
Los árboles, que afrenta á los pinceles,
Y agreste pompa son á los oteros,
Son álamos de Alcídes, son laureles
Caros al rubio dios y placenteros;
Y mirtos de Dione, y de Cibeles
Pinos, que á nuevo amor ceden los fueros:
Y allí sube el agudo Cipariso,
Apuntando al celeste Paraíso.
LVIII
Los dones de Pomona allí natura
Diferentes produce en los sabores,
Sin haber menester de la cultura,
Pues silvestres se crian superiores:
La cereza de vívida pintura:
Las moras recordando otros amores,
La poma que de Persia da el terreno,
Y se torna mejor en el ajeno.
LIX
Luce allí la romana rubicunda
Color con quien el suyo el rubí pierde:
La vid con sus racimos va jocunda,
Del olmo entre los brazos que le muerde:
Y á ti, piramidal pera fecunda,
Por madurar sobre tu rama verde,
Te veo darte al mal, que con sus picos
Hacen en ti los pájaros más chicos.
LX
Pues el tapiz de espléndida belleza,
Con que se cubre el rústico terreno,
Hace á Aqueménia de menor riqueza,
Pero al valle sombrío más ameno.
Allí dobla Cephisia la cabeza,
Sobre el estanque lúcido y sereno.
Y el hijo y nieto vive de Ciniras,
Por quien tú, la de Pafos, aun suspiras.
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