OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Noveno LXXI a LXXV)
Canto Noveno (LXXI a LXXV)
LXXI
De una el áureo cabello el viento lleva:
De otra, al correr, las faldas delicadas;
Y el deseo se enciende, que se ceba
En las formas de súbito mostradas:
Otra cae, de exprofeso, y ya se eleva,
Con muestras más benignas que indignadas,
Con el que en ella al tropezar caía,
Y por la blanda playa la seguía.
LXXII
Unos, que hacia el gran lago se dirigen,
Topan con las desnudas que se lavan:
Ellas gritan, haciendo que se afligen
Del asalto fatal que no esperaban.
Estas, fingiendo que el rubor eligen
Exponer por salvarse, se lanzaban
Desnudas por el bosque, al ojo dando
Lo que avaras las manos van tapando.
LXXIII
Una, como teniendo en mayor cura
El pudor, cual la diosa cazadora,
Hunde el cuerpo en el agua: otra se apura
Por tomar sus vestidos, y se azora.
De los mancebos hay quien se apresura,
Calzado como está (que en la demora
De desnudarse cree se le hace tarde)
A dar al agua el fuego que en él arde.
LXXIV
Cual perro ardiente, astuto, muy sabido
En coger en el agua el ave herida,
Viendo en el arco el fierro dirigido
Contra el pato o la garza sorprendida,
Antes que silbe el nervio, mal sufrido
Salta y da ya la presa por cogida,
Y nada, y va latiendo, así el mancebo,
Embiste a la que hermana no es de Febo.
LXXV
Leonardo, guerrero audaz, robusto,
Mañoso, caballero, enamorado,
A quien diera el amor más de un disgusto,
Que siempre del rapaz fue maltratado,
Y tiene por seguro ya lo injusto
De ser en sus afectos desdichado
No abandona, con todo, la esperanza
De que aun pueda en su sino haber mudanza.
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