OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Noveno LXXVI a LXXX)
Canto Noveno (LXXVI a LXXX)
LXXVI
Quiso aquí su ventura que corría
En pos de Efira, ejemplo de belleza,
Que más caro que nadie dar quería
Lo que dio para dar naturaleza.
Él corriendo cansado, la decía:
«Hermosura, no digna de aspereza:
Ya que te doy mi vida, el pie retarda,
Y pues llevas el alma, al cuerpo aguarda.
LXXVII
«Todas ya de correr, ¡oh ninfa pura!
Se cansan, y se dan al enemigo:
Tú sola huyes es de mí por la espesura:
¿Quién te dijo que yo soy quien te sigo?
Si te lo ha dicho aquella no ventura,
Que a todas partes siempre va conmigo,
No la creas; yo a veces la creía,
Y mil a cada hora me mentía.
LXXVIII
«Descansa, y no me canses, que si quieres
Huir porque no pueda ni tocar,
Es mi desdicha tal, que aunque me esperes,
Ella hará que no pueda yo alcanzarte.
Espera: quiero ver, si tú quisieres,
Qué sutil modo buscas de escaparte;
Y en la prueba veremos que aún me falta,
Cual muro entre la espiga y mano salta.
LXXIX
«¡No me huyas! ¡Así jamás el breve
Tiempo abandone tu esplendor divino!
Solo con refrenar el paso leve,
Vencerás el rigor de mi destino.
¿Qué Emperador, qué ejército se atreve
La dura fuerza a quebrantar del sino?
Pues si en cuanto yo amé me fue siguiendo,
Tú la podrás vencer, de mí no huyendo.
LXXX
«¿Tomas la parte, de mi suerte impía
Dando cobarde ayuda al más potente?
¿Te llevas lo que libre yo tenía?
Lánzalo, y correrás más sueltamente.
¿No te fatiga esa alma pobre mía
Que en esos hilos de oro reluciente
Atada llevas? ¿O después de presa,
Le mudaste la suerte, y menos pesa?
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