OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Noveno XXXI a XXXV)
Canto Noveno (XXXI a XXXV)
XXXI
En la fragua inmortal, donde forjaban
De los dardos las puntas penetrantes,
Corazones por leña ardiendo estaban,
Y entrañas todavía palpitantes:
El agua en que los fierros se templaban,
Lágrimas son de míseros amantes:
Y es el fuego que eterno allí presume,
El deseo, que quema y no consume.
XXXII
La mano algunos ejerciendo andaban
En duros pechos de la plebe ruda:
Por el aire suspiros resonaban,
De los que heridos van de flecha aguda:
Hermosas ninfas son las que curaban
Las heridas causadas, y su ayuda
No solo da la vida á los heridos,
Mas á aquellos la inspira no nacidos.
XXXIII
Y unas las hay horribles, y otras buenas,
Segun la calidad es de las llagas:
El veneno esparcido por las venas,
Curan unos con pócimas aciagas:
Otros quedan atados con cadenas
Á las palabras de las doctas magas;
Y esto ocurre al llevar en ocasiones,
Jugos de ocultas yerbas los arpones.
XXXIV
De esos tiros, así mal dirigidos,
Que estos niños, no diestros, van tirando,
Nacen muchos amores maldecidos
Entre el herido pueblo miserando;
Y en los héroes tambien esclarecidos
Se ven ejemplos mil de amor nefando,
Como el de aquellas Bibli y Ciniréa,
Y el Asirio garzon, y el de Judea.
XXXV
Y vosotros ¡oh grandes! de pastoras
Á rogar cuántas veces vais mercedes;
Y de humildes y rudos ¡oh señoras!
Tambien topais vosotras en las redes
Unas buscando vais nocturnas horas:
Otros saltais tejados y paredes;
Si bien de tal amor, que ya maldijo,
La culpa es de la madre, y no del hijo.
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