OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Quarto LX a LXVI
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LX.
«Mas luego que la oscura noche eterna
Levantó a Alfonso al Inmortal sereno,
El Príncipe que entonces lo gobierna
Todo fue Juan Segundo, Rey treceno.
Este, por ganar fama sempiterna
Cuanta pueda lograr un ser terreno
Los términos, que voy buscando ahora,
Dar quiso al mundo de la roja Aurora.
LXI.
«Manda a sus mensajeros, que pasaron
España, Francia, Italia celebrada,
Y allá en el puerto ilustre se embarcaron,
Donde ya fue Parténope enterrada:
Nápoles, donde sus hados se vengaron,
Después de verla a tantos subyugada
Subiéndola, tras tanto tiempo impío,
Al Español excelsos señorío.
LXII.
«Por el noble mar Sículo navegan
Ven las playas de Ródas arenosas:
Y luego a las riberas altas llegan
Con la muerte de Magno tan famosas:
A Mémfis y a las tierras van, que riegan
Las crecientes Nilóticas undosas:
Suben a la Etiópia, sobre Egipto,
Que, de Jesús, conserva el santo rito.
LXIII.
«Pasan también las ondas Eritréas
Que el pueblo de Israel cruzó sin nave:
Dejan detrás las gentes Nabateas,
A quien el nombre de Israel les cabe:
Las costas odoríferas Sabéas,
Que de Adónis la madre vestir sabe,
Y la Arabia feliz van contemplando,
La Desierta y Petréa no cuidando.
LXIV.
«Entran en el estrecho, donde aún dura
De Babel confundida la memoria;
Donde el Éufrates al Tígris se mistura,
Ríos que de su cauce sacan gloria.
De allí van en demanda de agua pura,
Que aún la causa ha de ser de larga historia,
Al Indo, entre las olas del Océano,
Las que así navegar no osó Trajano.
LXV.
«Vieron gentes incógnitas y extrañas
De la India, Carmania y Gedrosía,
Con diversas costumbres y arte, y mañas,
Que cada clima y suelo forma y cría.
Pero de vías tantas y tamañas,
Volverse fácilmente no podía:
Allí, en fin, perecieron y quedaron;
¡Que a la patria querida no tornaron!
LXVI.
«Parece que guardaba el cielo en breve
A Manuel y a su gran merecimiento
Seguir esta alta empresa, a que le mueve
El más noble y sublime movimiento.
Al suceder a Juan no es mucho lleve
A su trono su excelsa pensamiento;
Así que no tomó del reino el cargo,
Cuanto la ardua conquista del mar largo.
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