OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Quarto XXX a XXXVII)
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XXX.
«Comiénzase a trabar la incierta guerra:
De acá avanza y de allá la primer ala;
A estos mueve el guardar la propia tierra;
A aquellos la ambición, mucha aunque mala.
Pronto el grande Pereira, en quien se encierra
Todo esfuerzo, el primero se señala:
Hiere aquí, rompe allí, siembra el terreno
De los que así le ocupan, siendo ajeno.
XXXI.
«Ya por el aire tiros estridentes
De arpón y flechas sin cesar volaban:
Bajo los duros pies de los ardientes
Caballos, monte y valle resonaban:
El romper de las lanzas, las frecuentes
Caídas todo en torno lo atronaban:
Del fiero Nuño, que al contrario apoca,
Carga el tropel sobre la gente poca.
XXXII.
«Ved allí que le embisten inhumanos
Los hijos de su padre, y no se espantan;
Que hacen poco en matar propios hermanos
Los que contra la Patria se levantan.
Muchos de esos apóstatas insanos
Van en ese escuadrón, y se adelantan
Contra su misma sangre: ¡ejemplos viles,
Cual de Roma en los ímpetus civiles!
XXXIII.
«¡Oh tú Sertorio! ¡Oh fuerte Coriolano!
Catilina, y vosotros dos, no amigos,
Que contra vuestras patrias, con profano
Corazón, os alzasteis enemigos!
Si allá en el reino oscuro de Sumano
Recibiéreis gravísimos castigos,
Decidles que cual ellos, o peores,
Lusitania también tuvo traidores.
XXXIV.
«Rómpense aquí los nuestros los primeros
¡Tanta es la gente que los cerca y daña!
Nuño está allí; cual ves por los oteros
De Ceuta al gran León, ardiendo en saña,
En medio a los jinetes, que ligeros
Discurren de Tetuan por la campaña:
Con las lanzas le hieren, y él furioso
Si turbado está un poco, no medroso.
XXXV.
«Con torva luz los vé; mas la natura
Ferina y el ardor no le enflaquecen
La espalda a dar: que brinca a la espesura
De lanzas apiñadas que recrecen:
Así don Nuño está, que la llanura
Tiñe con sangre ajena: allí perecen
De los suyos algunos: que el bizarro
Cuerpo no puede a tantos, que es de barro.
XXXVI.
«Conoció Juan el riesgo que pasaba
Nuño: que como jefe esclarecido,
Todo lo recorría y animaba,
A las palabras el ejemplo unido.
Cual parida leona fiera y brava,
Que los cachorros que dejó en el nido
Ve que, mientras que el pasto ha procurado,
El pastor de Masilia le ha robado:
XXXVII.
«Salta furiosa y ciega, y con rugidos,
Por el fragor de Siete Hermanos corre:
Así Juan, con los suyos escogidos
A sostener la primer ala acorre:
«¡Oh fuertes compañeros! ¡Oh subidos
Caballeros a quienes Dios socorro,
Vuestra tierra guardad, que la esperanza
Está de libertad en vuestra lanza!
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