OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Quinto I a V)
Nota del Editor:
Advertencia de Luarna Ediciones
Este es un libro de dominio público en tanto que los derechos de autor, según la legislación española, han caducado. Luarna lo presenta aquí como un obsequio a sus clientes, dejando claro que:
- A edição não está supervisionada por nosso departamento editorial, de forma que não nos responsabilizamos de la fidelidad del contenido del mismo.
- Luarna sólo ha adaptado la obra para que pueda ser fácilmente visible en los lectores habituales de seis pulgadas.
- A todos los efectos, no debe considerarse como un libro editado por Luarna.
Argumento del Canto Quinto
Prosigue su narración Vasco de Gama, y describe al Rey de Melinde su salida de Lisboa: las diversas tierras en que tocaron, y las gentes que vieron hasta el Cabo de Buena-Esperanza: caso de Fernan Velloso; fábula del Gigante Adamastor; continuación del viaje hasta Melinde: concluida la narración, se establece la paz con el Melindano, y una verdadera amistad entre Gama y este Rey.
I.
«Esta sabia doctrina el viejo honrado
Vociferando estaba, cuando abrimos
Las alas al sereno y sosegado
Cielo, y del puerto plácido partimos:
Y, como es en el mar lo acostumbrado,
Las velas al soltar, el viento herimos
Buen viaje, demandando: luego el aire
Dió a los leños su marcha y su donaire.
II.
«En este tiempo el rey de eterna lumbre
Entraba en el Nemeo truculento,
Y el mundo, con creciente pesadumbre,
Iba en su sesta edad, enfermo y lento:
En ella ve, cual tiene por costumbre
De su curso el catorce veces ciento,
Con más noventa y siete, que corría.
Cuando en el mar la armada se extendía.
III.
«La vista poco a poco se destierra
De aquellos patrios montes que quedaban:
Quedaba el Tajo ameno y la alta sierra
De Cintra, en que los ojos se alargaban:
También quedaban en la amada tierra
Corazones que amores mil llenaban;
Sí, hasta el que hacer se escondía,
No vimos más, en fin, que el mar y el día.
IV.
«Así fuimos abriendo aquellos éguas,
Que nunca holló generación pasada,
Las nuevas islas viendo, y los hogares
Que Enriquez descubrió con arte osada,
Los Mauritanos montes y lugares,
Tierra un tiempo de Antéo disfrutada,
Dejamos a la izquierda: al diestro lado,
Si hay otra, de sospecha no ha pasado.
V.
«Por la gran isla fuimos de Madera,
Que del mucho arbolado así se llama,
De las que hemos poblado la primera,
Más sabida por nombre que por fama;
Pues ni por ser del mundo la postrera,
Le dan ventaja las que Vénus ama;
Antes, si suya fuese, en sus placeres
La prefiriera a Páfos, y a Citéres.
Read. 4477 Time.