OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Quinto LXXI a LXXV)
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LXXI.
«Ya dañado y corrupto el alimento,
Doliente, enfermo el flaco cuerpo humano:
Sin tampoco encontrar contentamiento
Con que engañar el esperar en vano:
¿Piensas tú que si el nuestro ajuntamiento
Del soldado no fuese Lusitano,
Por ventura siguiera así obediente
Tanto tiempo á su Rey y á su regente?
LXXII.
«¿Piensas que no los vieras tú ya alzados
Contra su capitán, si mal los mira,
Haciéndose piratas, obligados
De desesperación, de hambre, de ira?
Grandemente, por cierto, están probados
Pues que ningún trabajo les retira
De aquella Portuguesa alta excelencia
De firme lealtad y de obediencia.
LXXIII.
«Dejando el puerto, en fin, del dulce río,
Y volviendo a cortar la agua salada.
Hicimos de esta costa algún desvío,
Echando al alto mar toda la armada
Porque Noto, soplando manso y frío,
No nos dejara en calma en la ensenada
Que la costa de aquella parte indica
Donde el Oro nos da Sofála rica.
LXXIV.
«Y después de pasarla, el breve lema
(Que encomendado a Nicolás se sabe)
Para dónde rompe el mar su ímpetu estrema
Guía las proras de una y otra nave,
Cuando ya el corazón, que espera y trema,
Y que tanto ha fiado a débil trabe,
Yendo al fin de esperar desesperado,
Fue de gran novedad alborozado.
LXXV.
«Y fue, que estando ya cerca del puerto,
Pues las playas y valles bien se veían,
Por un río, que sale al mar abierto,
Barcos de vela entraban y salían,
Alegría muy grande fue por cierto,
Encontrar a criaturas que sabían
Navegar; porque entre ellas esperamos
Hallar las nuevas que en efecto hallamos.
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