OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Sesto LXI a LXV)
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LXI
«Mastican los caballos espumando
Los áureos frenos, con feroz talante:
En las armas el sol está brillando,
Como en cristal ó rígido diamante;
Y movíase entre uno y otro bando
Ruido sobre el partido disonante
De ir doce á once allí, cuando la gente
A agitarse comienza alegremente.
LXII
«Vuelven todos el rostro dó se oía
La causa principal del rebullicio;
Y ven á un caballero, que traía
Armas, caballo, y bélico servicio.
Al Rey y damas habla, y compañía
A los once va á hacer, que era Magricio;
Y abraza á los amigos, pues su oferta
Que de cumplir había, es cosa cierta.
LXIII
«La dama en cuanto oyó que es el que suele,
Viniendo á defender su nombre y fama,
Se alegra y viste con la piel del Héle.
Que el vulgo más que las virtudes ama.
Ya el eco dando, la trompeta impele
Los belicosos ánimos que inflama:
Espuelas pican, sueltan riendas luego,
Bajan lanzas, la tierra escupe fuego.
LXIV
«Al pisar de los brutos, que se abaja
Dirás el suelo, y que á tus plantas muge:
El corazón en lo interior trabaja
De gozo y de temor al vivo empuje:
Ya el eco dando, la trompeta impele
Los belicosos ánimos que inflama:
Espuelas pican, sueltan riendas luego,
Bajan lanzas, la tierra escupe fuego.
LXV
«De allí alguno sacó perpetuo sueño,
Y un instante bastó para acaballo:
De una parte un corcel corre, sin dueño,
Y de otra parte, el dueño sin caballo.
Cae la soberbia inglesa de su empeño,
Que á dos ó tres ya alcanza el triste tallo;
Y aquellos que han buscado el trance rudo,
Hallaron, más que arnés, malla y escudo.
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