REVELACION PROGRESIVA

Revelación Progresiva

 

Un gran obstáculo para muchos, en el camino de la unidad religiosa, es la diferencia entre las revelaciones dadas por los diferentes Profetas. Lo que está ordenado por uno lo prohíbe otro. ¿Cómo, entonces, pueden ambos tener razón y ambos proclamar la Voluntad de Dios? De seguro la verdad es una y no puede cambiar. Sí, la verdad absoluta es una y no puede cambiar, pero la verdad absoluta está infinitamente más allá de las presentes posibilidades del entendimiento humano, y hoy nuestro concepto de ella tiene que cambiar constantemente. Nuestras anteriores e imperfectas ideas serán, por la gracia de Dios, reemplazadas, a medida que vaya pasando el tiempo, por conceptos más y más adecuados. Bahá'u'lláh dice en una Tabla a algunos bahá'ís de Persia:

 

¡Oh pueblo! Las palabras son reveladas de acuerdo con la capacidad para que los principiantes puedan hacer progresos. La leche debe suministrarse de acuerdo con una medida, para que el infante del mundo pueda entrar en el Reino de la Grandeza y establecerse en la Corte de la Unidad.

 

Es la leche lo que fortifica al niño para que más tarde pueda digerir alimentos sólidos. Decir que porque un Profeta está en la verdad al dar ciertas enseñanzas en cierto tiempo, y, por lo tanto, debe estar en el error otro Profeta que da diferentes enseñanzas en diferente tiempo, es como deducir que porque la leche es el mejor alimento para el recién nacido, por lo tanto, leche y nada más que leche debe ser el alimento del hombre adulto, y darle cualquier otro alimento sería un error. 'Abdu'l-Bahá dice:

 

Cada Revelación divina se divide en dos partes: La primera parte es la esencial y pertenece al mundo eterno. Es la exposición de las verdades divinas y los principios esenciales. Es la expresión del amor de Dios. Ésta es una en todas las religiones, incambiable e inmutable. La segunda parte no es eterna; es la que se refiere a la vida práctica, transacciones y negocios, y cambia de acuerdo con la evolución del hombre y los requerimientos de la época de cada Profeta. Por ejemplo: Durante el período mosaico se cortaba la mano de una persona como castigo por un pequeño robo; existía la ley del ojo por ojo y diente por diente, pero como estas leyes ya no eran apropiadas en el tiempo de Cristo, fueron abrogadas. De la misma manera, el divorcio se había hecho tan común que ya no existían leyes estables para el matrimonio, y por lo tanto Su Santidad Cristo prohibió el divorcio.

De acuerdo con las exigencias del tiempo, Su Santidad Moisés reveló diez leyes para la pena capital. En aquel tiempo era imposible proteger la comunidad y preservar el orden social sin estas medidas severas, porque los hijos de Israel vivían en los desiertos del Tah, donde no había tribunales de justicia establecidos ni cárceles. Pero este código de conducta no era necesario en los tiempos de Cristo. La historia de la segunda parte de la religión carece de importancia porque se refiere únicamente a las costumbres de esta vida; pero el fundamento de la religión de Dios es uno y Su Santidad Bahá'u'lláh lo ha renovado.121

 

La religión de Dios es la única religión, y todos los Profetas la han enseñado; pero es algo que vive y crece, no una cosa muerta e invariable. En las enseñanzas de Moisés vemos el capullo; en las de Cristo la flor; en las de Bahá'u'lláh el fruto. La flor no destruye el capullo, ni la fruta destruye la flor. No se destruye, sino que llena su cometido. El capullo deja caer sus hojas para que brote la flor, y los pétalos caen para que el fruto crezca y madure. ¿Eran el capullo o los pétalos de la flor inútiles o un error, por lo que tuvieron que ser descartados? No; ambos en su tiempo fueron útiles y necesarios, y sin ellos no podía haber crecido el fruto. Lo mismo sucede con las diferentes enseñanzas proféticas; su forma exterior varía de una época a otra, pero cada Revelación es la realización de sus predecesoras. No están separadas ni son incongruentes, sino diferentes etapas en la historia de la vida de la religión única, la que, a su vez, ha sido revelada como semilla, como capullo y como flor, y entra ahora en el período del fruto.

 

 

Infalibilidad de los Profetas

 

Bahá'u'lláh nos enseña que todo verdadero Profeta está dotado de suficientes pruebas de Su misión, tiene el derecho de exigir obediencia de todos los hombres y la autoridad de abrogar, alterar o añadir a las enseñanzas de Sus predecesores. En el Libro de Íqán leemos:

 

¡Cuán lejos está de la gracia del Todomunífico, de Su amorosa providencia y tierna misericordia, elegir a un alma de entre todos los hombres para que guíe a Sus criaturas y luego, por una parte, privarla de la medida plena de Su testimonio divino y, por otra, infligir severo castigo a Su pueblo por haberse apartado de Su Elegido! Es más, las múltiples generosidades del Señor de todos los seres han rodeado, en todo tiempo, mediante las Manifestaciones de Su divina Esencia, a la Tierra y a todos los que viven en ella... Y, sin embargo, ¿no es el objeto de toda Revelación efectuar una transformación del carácter total de la humanidad, transformación que ha de manifestarse tanto exterior como interiormente, afectando su vida interior y sus condiciones externas? Ya que si no fuese cambiado el carácter de la humanidad, sería evidente la futilidad de las Manifestaciones universales de Dios".122

 

Dios es la única Autoridad infalible, y los Profetas son infalibles porque Su Mensaje es el Mensaje que Dios envía al mundo a través de ellos. Este Mensaje es válido hasta que lo reemplace un Mensaje posterior dado por el mismo o por otro Profeta.

Dios es el Gran Médico, el único que puede diagnosticar correctamente los males del mundo y prescribir el remedio apropiado. La medicina prescrita en una época ya no es adecuada en una época posterior, cuando la condición del paciente es diferente. Seguir con el antiguo remedio cuando el médico ha ordenado un nuevo tratamiento es no sólo no demostrar fe en el médico, sino infidelidad. Puede que sea una ofensa para un judío el decirle que algunos de los remedios que recetó Moisés para los males del mundo, hace tres mil años, son hoy día anticuados e impropios; el cristiano podría ser igualmente ofendido al decírsele que Mu¥ammad tuvo valiosas y necesarias adiciones que hacer sobre lo que prescribió Jesús; y asimismo el musulmán, si se quisiera hacerle admitir que el Báb o Bahá'u'lláh tenían autoridad para alterar las ordenanzas de Mu¥ammad. Pero, de acuerdo con el punto de vista bahá'í, la verdadera devoción a Dios implica reverencia a todos Sus Profetas y la implícita obediencia a Sus más recientes mandatos, como nos son dados por el Profeta de nuestra propia época. Sólo por medio de tal devoción puede alcanzarse la verdadera unidad.


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This article was written by:

Roberto Exposito Vierna

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