Tu piel, más hidratada que nunca en verano
Las condiciones climáticas y nuestros hábitos veraniegos pueden hacer que nuestra piel presente alteraciones como quemazón, sequedad o deshidratación, pequeñas alergias, irritabilidad, y descamación. Para darle un cuidado óptimo, es posible que nuestras cremas hidratantes habituales no sean las más adecuadas por su composición y textura y debamos sustituirlas por otras con texturas más ligeras y absorbentes, más aptas para esta época del año. Geles, aguas ligeras, espumas, sprays y bálsamos conseguirán una mayor penetración en la piel, además de aportarles esa hidratación extra y un toque de frescura que nuestra piel agradecerá.
La hipersensibilidad en la piel
Nuestros hábitos de alimentación, cada vez menos saludables por nuestro ritmo de vida, y el cada vez más dañino efecto del sol, hacen que día a día se produzcan más casos de pieles hipersensibles. Y esta reactividad afecta ya a todo tipo de pieles, sean secas, grasas o mixtas, así como a hombres y mujeres por igual.
Los factores que provocan esta hipersensibilidad de la piel pueden ser internos y externos. La piel sensible o atópica, el ciclo hormonal en las mujeres en la menstruación y la menopausia, o las tendencias genéticas que heredamos, son factores internos que pueden dar lugar a la hipersensibilidad de la piel. Incluso el estado de ánimo puede influir y provocar una mayor reactividad en nuestra piel.
Entre los factores externos que pueden influir en la sensibilidad de la piel se encuentran una mala alimentación, los cambios de temperatura bruscos, el estrés, los cosméticos con ingredientes químicos más agresivos, y algunos medicamentos.
¿Cómo tratamos esta hipersensibilidad de la piel?
Si no tratamos y protegemos adecuadamente la piel, los problemas derivados de una piel demasiado sensible y reactiva pueden hacerse cada vez más frecuentes.
Una patología común en las pieles más claras y sensibles es la rosácea, caracterizada por una tendencia a la rojez de la piel del rostro que puede presentarse con vasitos sanguíneos visibles (telangiectasias), enrojecimiento brusco con calor facial (flashing) e hipersensibilidad ante los cambios bruscos de temperatura y humedad. Estos síntomas se ven agravados también después de la exposición al sol.
Lo importante es observar las reacciones de nuestra piel, conocerla a lo largo del tiempo, sus características y cambios, para poder actuar con anticipación y emplear los métodos necesarios de hidratación y protección extra para prevenir estos pequeños problemas en la época estival.
Debemos estar atentos a la cosmética que utilizamos, ya que puede contener ingredientes más agresivos que aumenten la sensibilidad de la piel, o activos que puedan ser reactivos a la exposición solar, como algunos retinoles. Lo mejor es escoger texturas ligeras con alto efecto hidratante y fresco, con alta penetración dérmica y componentes adecuados para las características del verano.
Una buena hidratación de la piel es fundamental para mantenerla sana y protegida. Los productos cosméticos ayudan como complemento, pero una buena base es crucial para evitar posibles problemas. Mantener unos sencillos hábitos saludables durante todo el año, especialmente en verano, ayudará a que nuestra piel se proteja e hidrate por sí misma. Así que toma nota:
- Aliméntate bien y de forma correcta, bebiendo mucha agua y tomando muchas frutas y verduras.
- Evita en lo posible el estrés, que nos afecta en todos los sentidos. El ejercicio es muy beneficioso.
- Utiliza fotoprotectores solares adecuados a tu tipo de piel y a las condiciones ambientales.
- El agua caliente reseca la piel y la deshidrata, así que es mejor ducharse con agua tibia o fría en verano.
- Enjuágate al menos con agua después de un baño en el mar o en la piscina y vuelve a hidratarte la piel. Si utilizas jabones, mejor que sean sin detergentes (syndets).
- Utiliza a diario cremas hidratantes para el cuerpo y el rostro adaptadas a tu tipo de piel.
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