pájaros rojos en la ventana

Rulo es la hermana pequeña de Fito y dale que te dale, conversa con su mamá, un día cualquiera de un mes lleno de primavera.

Y le dice:

– «Mamá, voy a dar una vuelta a la manzana.»

– «Rulo, ¿una manzana roja, amarilla o verde?»

– «No, mamá ¡cómo voy a caminar sobre una manzana! ¡qué risa mamá!»

– «Rulo, no vas a ir sola.»

– «Voy a ir con mi muñeca, la de boca estirada, trenzas de lana y corazón de cartón.»

– «¿Corazón de cartón?»

– «Sí, es de cartón o de cartulina, porque no vive, no hace ruiditos, ni se mueve.»

– «Rulo, esperá. ¿Otra vez ir a dar vueltas a la manzana?»

– «¡Quiero conocer el mundo!»

– «¿Mundo?, ¿qué sabes lo que es el mundo?»

– «A mí me gusta decir mundo. Decilo vos mamá… Muuundooo. ¿acaso papá no dice que para conocer el mundo hay que salir?»

– «Pero, nena ese es un dicho.»

– «Y bueno si es un dicho, es porque lo dijo.»

– «Bueno, bueno Rulo, un dicho es un dicho y estará bien ese dicho que han dicho ese dicho que he dicho yo. Ay, Rulo, ¡me haces decir trabalenguas!»

– «¿Traba… qué? Mamá, me mareás.»

Y así diciendo, se encamina hacia la puerta de salida.

Cuando regresa de su vuelta redonda a la manzana, dice que las bocinas la dejaron sorda, que los silbidos le llenaron las orejas, que las esquinas, que las cáscaras, que las alas, que las semillas y que vio y que vio.

Un día sábado, aprovechando que Fito, el hermano mayor de Rulo se había ido a jugar con sus amigos al patio de los membrillos, los papás deciden abrir una ventana para jugar.

¡Cuántas palabras del mundo pueden entrar a través de ella!

– «Vení Rulo. Vamos a abrir la ventana del otoño.»

– «¿Con la muñeca, mamá?»

– «Sí, con la muñeca, ¿vamos a ver cuántas palabras pueden entrar por la ventana? Entrarán las que tienen sonidos, temblores, olores y si no te parás bien, te harán trastabillar.»

– «¿Tras… ta… qué?»

– «Trastabillar. Imagina que entran tantas palabras, tanta luz, tanto ruido, que los tres nos vamos a sentir como si el viento nos tumbara.»

– «¿Qué es imaginar, mamá?»

– «Imaginar, imaginar es poner dibujitos detrás de la frente.»

– «¿Hay que pegarlos?»

– «No.»

– «¿Y cómo los pongo?»

– «Ummm, a ver, a ver.»

– «Mamá» -insiste Rulo– «¿cómo pongo los dibujitos detrás de la frente?»

– «Y, lo hacés imaginariamente. Probá a cerrar los ojos y pensá en la muñeca que querés tener: rubia, morena, colorada. ¿A ver? ¿La imaginás?.»

– «Sí, yo cerré los ojos y vi la muñeca que quería, pero cuando los abrí ¡alguien me la robó!»

– «Noo, Rulo, nadie te la robó. Bueno, en realidad no sé cómo explicártelo.»

Mientras tanto, el papá abre la ventana, de par en par.

Y es allí, donde nace la magia. Comienzan a entrar palabras: árboles, pájaros, cantos, nidos, sol, rayos, brisa,cielo. Es entonces, que el papá le dice:

– «¿Jugamos?»

– «Sí, sí, sí.»

– «Rulo, entran un montón de palabras.»

– «Papá, ¿cuántas son un montón?»

– «Muchas.»

– «Ah no así no vale ¿ cómo voy a saber cuántas palabras van a entrar?»

– «Señorita Rulo, quiere hacerme el favor de ponerse a jugar.»

– «Yo empiezo» -dice el papá- «¡carcajada!»

– «Chocolate.» -responde Rulo.

– «Grillos.» -sigue el papá.

– «Cucarachas.»

– «Avenida.»

– «Hormiguero.»

– «Estrellas.»

– «Chiclets.»

– «Miradas.»

– «Tacos de mamá.»

Y así riendo y riendo, Doña Rulo y su papá juegan hasta que el otoño pinta de gris el sol.

Desde ese día la niña corre descalza o con sus grandes medias de lana a imaginar cómo entran por la ventana palabras cada vez más lejanas, cada vez más altas, más tibias, más largas.

Pasan los meses y un día Rulo llama a su mamá:

– «Mamá, vení.»

– «Estoy ocupada.»

– «Mamá, mira en el balcón hay unas hojas de árbol coloradas.»

– «¿Y?»

– «Parecen pájaros.»

– «¿Pájaros?»

– «Sí, pájaros rojos… en la ventana.»

– «¿Pájaros rojos en la ventana?»

– «Sí, mamá puse dibujitos detrás de la frente y comencé a imaginar. Están acurrucados, parecen dormidos.»

– «Rulo, ¿dónde estás?»

– «Mirando la primavera, mamá.»

– «¿Dónde estás?»

– «Aquí, mirando el campo.»

– «¿El campo? ¿A estas horas?»

– «Sí, mamá, como vos me lo habías enseñado. Puse el dibujito detrás de mi frente y vieras, al cerrar los ojos siento el aroma a campo, todo parece alegrarme.»

– «Ummm, ¡qué imaginación!»

– «Mamá, ¿acaso vos y papá no me enseñaron que abriendo una ventana, podía ver lo que yo quisiera, lo que quisiera imaginar… las cáscaras, las semillas, el viento, la vida y hasta alguna rosa?»

La mamá sonríe y recuerda a aquella Rulo, de un tiempo atrás que pedía:

– «Mamá ¿puedo ir a dar una vuelta a la manzana?»

– «¿Una manzana roja, amarilla o verde?»

– «Mamá, ¡No! mamá, ¿ cómo voy a caminar sobre una manzana?, ¡qué risa!»


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This article was written by:

Roberto Exposito Vierna

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