¿Por qué hablamos?
¿Tenemos un lenguaje innato en la cabeza? ¿O nacemos como una página en blanco? Probablemente la verdad esté en algún lugar intermedio.
El Experimento de Friedrich II
Se dice que Friedrich II inició un cruel experimento en el siglo XIII, según el monje franciscano Salimbene de Parma. Friedrich quería explorar qué idioma hablaría un ser humano sin influencias externas. Para ello, aisló a algunos bebés del mundo exterior. Aunque las nodrizas se ocupaban de sus necesidades físicas, no se les permitía hablar con ellos ni brindarles atención adicional. Friedrich II esperaba que los bebés comenzaran a hablar en hebreo, griego, árabe o su lengua materna, pero en cambio, todos murieron. Salimbene escribió: "No podían sobrevivir sin las palmadas, las muecas de felicidad y los nombres de sus nodrizas".
El Origen del Lenguaje
Hasta hoy, se desconoce el origen del lenguaje. Ningún lingüista, psicólogo ni neurocientífico ha sido capaz de responder con certeza a esta pregunta. Una de las grandes incógnitas es si nacemos con algunos elementos del lenguaje o si lo aprendemos completamente a través de la interacción con el entorno. A lo largo de las últimas décadas, han surgido diversas teorías sobre este tema.
La Idea del Papel en Blanco
Una de las teorías más conocidas es la idea del "papel en blanco", propuesta por los conductistas. Según esta visión, los humanos nacen como un papel en blanco, y a medida que crecen, adquieren más líneas. Durante la primera mitad del siglo XX, los conductistas dominaron la psicología, y no reconocían la vida interior de las personas. El objetivo de esta teoría era explicar todo en función del comportamiento humano. Según los conductistas, el lenguaje se desarrolla completamente a través del aprendizaje.
El Conductismo y el Lenguaje
El influyente conductista estadounidense Burrhus Frederic Skinner (1904 - 1990) defendió que los niños aprenden el lenguaje mediante la asociación, imitación y recompensas. Según Skinner, un niño primero aprende que ciertas combinaciones de sonidos representan objetos o eventos específicos. Luego, imita a los padres, y en el mejor de los casos, recibe recompensas por sus esfuerzos, como cuando el niño dice "arriba" y la madre lo levanta en brazos. Este refuerzo positivo, según Skinner, es lo que refuerza el aprendizaje del idioma.
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