OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Quarto LIII a LIX)

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  3. A todos los efectos, no debe considerarse como un libro editado por Luarna.

LIII.

«Codro, porque el contrario no triunfase,
Vencedor de la muerte, dio la vida:
Régulo, porque Roma se librase,
Contento vio su libertad perdida;
Y éste, porque la España no temblase,
A eterno cautiverio se convida;
Pues Codros, Curcios y los Decios fieles
No a más costa ganaron sus laureles.

LIV.

«Alfonso, de aquel Rey solo heredero,
¡Nombre en armas feliz en nuestra Hesperia!
Que el orgullo del bárbaro frontero
Tornó en dura, humildísima miseria,
Fuera en verdad invicto caballero
Si no quisiera hollar la fuerte Iberia:
Mas África dirá si al Rey terrible
Que otro llegue a vencer será posible.

LV.

«Este las pomas coge al árbol áuro
Que al Tirintio veloz solo no ilude:
Y del impuesto yugo el fuerte máuro
La cerviz hasta ahora no sacude:
La palma va en su frente y verde láuro
Que gana al fiero bárbaro, que acude
De Alcacér en defensa, fuerte villa,
De Tánger vasta, y de la agreste Arcilla.

LVI.

«Todas tres por la fuerza al fin entradas,
Abatieron los muros de diamante
A las armas del Luso, acostumbradas
A derribar cuanto hallan por delante.
Maravillas de acciones extremadas,
Dignas de las contar pluma elegante,
Caballeros hicieron en la empresa,
Acreciendo la fama Portuguesa.

LVII.

«Mas de ambición cegado por la lumbre
Y de mandar por gloria amarga y bella,
Al de Aragón (Fernando) va, en la cumbre
Del poder, a embestir en su Castilla.
Júntase la enemiga muchedumbre
De la soberbia y varia gente de ella:
Que, desde Cádiz a Pirine fría,
Toda al Rey poderoso obedecía.

LVIII.

«En el reino quedar no quiere ocioso
El mancebo don Juan, y luego ordena
Ir en ayuda al padre codicioso,
A quien bien llega en situación no buena.
Salióse al fin del trance peligroso,
Si no con gloria, con virtud serena;
Pues aunque asaz el íbero ha sufrido,
Quedó en duda si el Luso fue vencido.

LIX.

«Porque el hijo sublime y soberano,
Gentil, fuerte, animoso, caballero,
Haciendo al enemigo estrago insano,
Permaneció en el campo un día entero.
De este modo vencido fue Octaviano,
Y Antonio vencedor, su compañero,
Cuando de los que a César inmolaron
En los Filipios campos se vengaron.

 OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Quarto LIII a LIX)
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Joaquim Ferreira

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