Cristo: El Educador de la Humanidad
Luego vendría Cristo, quien dijo: "He aquí que he nacido por obra del Espíritu". Aunque ahora resulte fácil para los cristianos creer una aseveración semejante, en aquel entonces resultaba en extremo difícil. Según el texto del evangelio, los fariseos dijeron: "¿No es éste Jesús, el hijo de José el de Nazaret, cuyo padre nos es conocido? ¿Cómo pues dice 'del Cielo he descendido'?"
En breve, este hombre que a los ojos de todos parecía muy humilde, se levantó con un poder tan grande como para abolir una religión que había perdurado durante quince siglos. Eso ocurrió en una época en que la más leve desviación exponía al transgresor a peligro grave o mortal. En los tiempos de Cristo, la moralidad pública y la condición de los israelíes habían caído en un estado de degradación, corrupción y servilismo extremos. De estar sometidos a cautiverio por los caldeos y los persas, pasaron a ser esclavos de los asirios; y más tarde pasaron a ser súbditos y vasallos de los griegos, para finalmente verse sometidos al dominio y desprecio romanos.
Asistido por un poder sobrenatural, este joven, Cristo, abrogó la antigua ley mosaica, reformó la moral pública, restableció Israel en sus fueros de gloria eterna, trajo a la humanidad las buenas nuevas de la paz universal y difundió por todas partes enseñanzas destinadas no sólo a la felicidad de la casa de Israel, sino de todo el cuerpo social humano.
Los israelíes, los de su propia sangre, fueron los primeros en querer deshacerse de Él. En apariencia lograron someterlo y reducirlo al más penoso sufrimiento. Por último, incluso lo coronaron de espinas y le crucificaron. Empero, Cristo, estando aparentemente en la más profunda miseria y aflicción, proclamó: "Este Sol resplandecerá, esta luz brillará, mi gracia circundará al mundo y todos mis enemigos serán doblegados". Tal como dijo, así aconteció. Todos los reyes de la tierra no han podido resistirle; antes bien, sus estandartes se han visto derribados, en tanto que la enseña de aquel Oprimido se ha visto izada hasta la cúspide.
Un hecho así contradice todas las reglas de la razón humana. Resulta claro entonces que este Glorioso Ser, ayudado y confirmado por el poder divino, fue un verdadero Educador de la humanidad.
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