El Cristo del Cerro del Moro

"Recuerdo también que se tapó la cara una primera vez, y a los pocos días la mancha volvió a salir"

Si algo es extraño en este suceso es el hecho de no haber encontrado apenas información en Google. Internet, que todo lo sabe y todo lo cuenta, no conocía ni una mísera parte de esta historia en toda su red; alguna reseña quizás, pero poco más. El siguiente paso que di fue buscar en las hemerotecas, rebuscar en mis recuerdos y preguntar a los testigos directos.

Un caluroso miércoles de Agosto de 1993, un grupo de chicos regresaba a su casa por la calle de Lepanto. Eran las 20:00 de la tarde cuando Francisco y su hermano vieron a un grupo de cuatro personas mirando fijamente la pared de un edificio: "Nos acercamos a curiosear y cuando nos dimos cuenta ya había cada vez más gente", nos contaba Francisco:

"Apareció lo que parece una mancha, no se sabe si de humedad, casualmente con la forma de un rostro humano. Lo curioso de esto fue que cuando invertías la fotografía, parecía que formaba el busto de un romano con el casco de la legión. Recuerdos de ese momento tengo muchos, me obsesioné un poco con el tema como tanta otra gente. Ahora que lo menciono, recuerdo también que se tapó la cara una primera vez, y a los pocos días la mancha volvió a salir. Con esto imagínate cómo estaba aquello, la gente le ponía flores y fotografías de la cara como si de verdad fuera un milagro divino, y lo cierto es que daba bastante que pensar. Onda Cero estuvo por allí haciendo preguntas, también entrevistaron al párroco de la parroquia de San Vicente de Paúl, si no recuerdo mal".

Decenas de gaditanos que se acercaban a curiosear aquella mancha debatían entre el parecido o no con el rostro de Cristo. Los escépticos apuntaban a que se trataba de una mancha de humedad, mientras que los más creyentes no sólo lo asociaron con el Cristo que detuvo el fatídico maremoto ocurrido en Cádiz del siglo XVIII, sino que además depositaban bajo aquel supuesto rostro velas encendidas, flores, fotografías de personas enfermas e incluso cadenas y pulseras de oro, como si aquel supuesto Cristo fuese a obrar un milagro a toda aquella persona que le dejara una ofrenda.

Según las crónicas de ese día, "los vecinos del barrio del Cerro del Moro, especialmente azotado por el problema de la droga, el paro y la delincuencia, ya constataron cómo en los últimos días se acercaron al número uno de la calle Batalla del Salado algunas personas para orar ante la supuesta imagen".

Los dueños de aquella vivienda, ante el tormento que suponía soportar el murmullo de tanta aglomeración de curiosos y hartos del revuelo popular que se estaba originando cada vez con mayor intensidad, decidieron ponerle fin al fenómeno tapando aquella mancha con una capa de cemento. Sin embargo, algunos aseguraban que la mancha volvía a aparecer tras varios intentos de eliminarla.

Una vez suprimida por completo y pasado un tiempo, empezaron a aparecer "sospechosamente" otras manchas con cierto parecido a un rostro humano en diferentes puntos del casco antiguo de la ciudad, entre ellos iglesias y viviendas. Pero al parecer, la gente debió haberse acostumbrado a aquella aparición y no causó el mismo revuelo popular que la primera, acusándolas de ser producto de una broma.

Estamos ante un caso de lo que se conoce en psicología como pareidolia; asociamos una imagen ya reconocida por nuestro cerebro a una imagen deforme y, casualmente, siempre lo comparamos con un rostro humano.

Unos creyeron ciegamente en aquel Cristo, otros lo asignaron como mancha de humedad, pero lo realmente curioso y que podríamos catalogar como "enigmático" es la sugestión colectiva que puede llegar a generarse ante un fenómeno al que la gente no es capaz de darle una explicación racional, hasta tal punto de correrse la voz por toda la provincia y ocupar secciones en diferentes periódicos.

Aquello quedó como una anécdota y curiosidad gaditana, guardada en las hemerotecas y en el recuerdo de los gaditanos.

El Cristo del Cerro del Moro
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This article was written by:

Roberto Exposito Vierna

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