El Cuerpo Te Habla
La medicina oficial da la falsa impresión de que los errores y problemas son solo de la medicina y que tal vez con algunos correctivos se pudiera resolver el problema.
Sin embargo, los errores filosóficos y técnicos de la medicina oficial son un reflejo de las equivocaciones o inversiones de toda la sociedad contemporánea, que a su vez es el resultado de la inversión psíquica del ser humano. El ser humano invertido crea una sociedad invertida, donde todo está equivocado, al revés. Lógicamente, es importante percibir y concienciar los errores de cada una de las áreas de conocimiento en el mundo actual, pero el camino para una solución definitiva es percibiendo y haciendo conscientes las causas y los orígenes universales o comunes de los problemas e incongruencias de todas las áreas de la sociedad.
Con frecuencia, desde muy pequeños, notamos que los asuntos sociales no deberían ser como son. Percibimos las mentiras, las injusticias, la falta de ética y la corrupción en todas las esferas sociales, pero, por nuestra inversión psíquica, no cuestionamos el porqué de ello, ni cómo corregirlo. Como si todo este caos social tuviera que ser eterno y sin solución.
El Dr. Norberto Keppe, a través de muchos años de practicar psicoanálisis integral, descubre en sus clientes lo que él denominó La Inversión. Debido a la inversión, el ser humano se ha acostumbrado a captar la realidad al revés, lo que nos lleva a sentir lo que es bueno como malo y lo malo como bueno. La enfermedad la vemos como nuestra protección y la salud como un descalabro. Las personas identifican el amor con el sufrimiento, la consciencia con la restricción, el trabajo con el sacrificio, la honradez y la bondad con perjudicarse, decir la verdad con agresión, etc.
El individuo, por ejemplo, busca experiencias destructivas, entregándose a los vicios, a la alienación, al peligro, por estar equivocado, invertido, pero cree que así logrará liberarse, aunque racionalmente piense lo contrario. Lo mismo ocurre con el individuo agresivo, que quiere atacar a los demás porque piensa que la agresión es el mejor medio para lograr lo que quiere. Lo mismo sucede con el que es falto de honradez, perezoso, degenerado, drogadicto, alcohólico, que cree que la vida alienada es la más placentera y la que les traerá más ventaja.
En la sociedad actual, todos los valores están invertidos, lo que nos obliga a someternos a una forma de existencia no real, de fantasía, al contrario de lo que la realidad humana y social deberían ser. Es como vivir siempre “patas arriba” y pretender que todo está bien. Por este motivo, los seres humanos acatan las orientaciones malévolas de sus superiores y gobernantes corruptos, y rechazan las benéficas.
Debido a la inversión psíquica, el hombre ha creído por milenios que las enfermedades son causadas por agentes externos a él, como los microbios, parásitos, agentes químicos, radiaciones, errores alimenticios, y no que es él quien permite consciente o inconscientemente la acción de esos agentes externos. O que sus propias emociones negativas, en contra del amor, lo agreden interiormente, generando alteraciones energéticas, bioquímicas, fisiológicas y estructurales. Estar en conexión con nosotros mismos es entender las señales que nos envía nuestro cuerpo, el cual nos habla a través del dolor, la enfermedad y, como no, de la salud en general. Cómo nos sentimos físicamente es una señal de cómo nos encontramos psicológicamente en la mayoría de las ocasiones.
En el ritmo de nuestra vida diaria, esta conexión se va debilitando progresivamente y dejamos de entender por qué nos ocurren las cosas, sin saber cómo recuperar el equilibrio. Poco a poco, perdemos la habilidad de interpretarnos. Por ello, cuando aparecen en escena el dolor y la enfermedad, es importante saber qué nos están diciendo para descubrir cuál es el camino de vuelta hacia la salud y el bienestar.
La enfermedad es el medio por el cual nuestro cuerpo nos habla y nos dice que algo no funciona bien, solicitándonos que algo tiene que cambiar. De hecho, nos obliga a cambiar el ritmo de nuestra vida y nos impide seguir al mismo paso que llevábamos hasta ese momento, imponiéndonos un cambio hacia la salud.
La vida, en esencia, es equilibrio, armonía y salud. La enfermedad nos dice que se ha roto ese equilibrio y que tendremos que restaurarlo, buscando el camino del cambio, para intentar mejorar nuestra situación y encontrar en la medida de lo posible la forma para equilibrarnos.
Si la forma de vida que llevábamos nos abocó a la enfermedad, un cambio en este ritmo puede ser uno de los caminos para volver al equilibrio truncado, aunque desafortunadamente no siempre sea posible.
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