La vida de Bahá’u’lláh
Los escritos bahá’ís comparan a menudo la venida de una Manifestación de Dios con la salida del sol. La aparición del mensajero de Dios es como el comienzo de cada nuevo día, cuando los rayos del sol liberan energía en el mundo, arrojando luz sobre todas las cosas y permitiendo que los ojos vean lo que estaba oscuro en las tinieblas de la noche. Con la venida de Bahá’u’lláh, «la Gloria de Dios», y Su Heraldo, el Báb —los dos Mensajeros Divinos más recientes que han aparecido a lo largo de la historia— ha amanecido un nuevo día para la humanidad. De la misma manera en que el sol del amanecer despierta a la vida al mundo durmiente, la aparición de estas Manifestaciones Gemelas de Dios ha dado un nuevo impulso a la búsqueda de la humanidad de un significado y propósito más elevados en la vida. Las enseñanzas de Bahá’u’lláh arrojan luz sobre los asuntos humanos en un momento en el que se puede decir que la oscuridad se ha asentado en el mundo. Sus enseñanzas ayudan a la humanidad a comprender y navegar por los grandes cambios que se están sucediendo rápidamente. Al tiempo que estos cambios perturban el orden de las cosas, crean caos y desconciertan incluso a los líderes más astutos, también abren el camino para que aparezcan nuevos modelos de vida y nuevas formas de organización humana. En este período turbulento de la historia humana, el mundo necesita una visión unificadora de nuestra verdadera naturaleza como seres humanos y del tipo de mundo en el que queremos vivir. Los bahá’ís creen que esta visión se revela en los escritos de Bahá’u’lláh, cuya vida y enseñanzas son la historia más convincente de nuestro tiempo.
Videoclip: breves reflexiones sobre el concepto de la Manifestación de Dios
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Bahá’u’lláh transmitió una nueva revelación de Dios. Bahá’u’lláh eligió dedicar Sus energías a la caridad y a los actos de servicio. A principios de la década de 1840, ya se le conocía como «el Padre de los pobres». Cuando Bahá’u’lláh aceptó la religión del Báb, la vida cambió definitivamente para el joven aristócrata y Su familia. El Báb era un joven comerciante de Shiraz, Persia, quien proclamó en 1844 ser el portador de un nuevo mensaje de Dios y el precursor de la venida del Prometido de todas las religiones. Aunque Bahá’u’lláh y el Báb nunca se conocieron en persona, mantenían correspondencia. Desde el momento en que Bahá’u’lláh oyó el mensaje del Báb, declaró Su creencia incondicional en la causa y puso toda Su fe en ella. Durante este período, Bahá’u’lláh realizó varias visitas a las laderas cercanas del monte Carmelo, donde, en 1891, designó un lugar de descanso permanente para los restos de Su Precursor, el Báb.
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