Los Fantasmas del Castillo de Windsor
El Castillo de Windsor fue iniciado por Guillermo el Conquistador en 1075, tras la conquista normanda que culminó en la Batalla de Hastings en 1066. A lo largo de su historia, el castillo ha jugado diferentes roles, desde prisión hasta residencia de la casa real, y en el siglo XIX, durante el reinado del rey Jorge IV, se transformó en un palacio. En 1917, el rey Jorge V consolidó la familia real bajo el nombre de la Casa de Windsor. El castillo ha sobrevivido a los bombardeos de las dos guerras mundiales y sigue siendo un lugar de residencia para la reina Isabel II, quien asiste a la iglesia en la capilla de San Jorge.
Uno de los fantasmas más conocidos del castillo es el de Herne el Cazador. Según la leyenda, Herne fue un cazador real que gozaba de las simpatías del rey, pero debido al odio en la corte, terminó por suicidarse. Se dice que su espíritu aparece montado en un corcel negro, acompañado por perros fantasmas, y ha sido visto por cientos de personas en los jardines del castillo.
El fantasma de Enrique VIII es otro de los espíritus que frecuentan el castillo. Se le ha visto rondando los claustros de la Deanery, y se dice que sus pasos y gemidos pueden escucharse. Una de sus esposas, Ana Bolena, fue ejecutada precisamente en ese claustro. Además, su hija, la reina Isabel I, también es conocida por pasearse por las habitaciones del castillo por la noche.
El fantasma de Carlos I se ha visto en la biblioteca del castillo, al igual que el rey Jorge III, quien enloqueció en una de las habitaciones del castillo. Se dice que su rostro aparece a través de las ventanas de esa misma habitación.
El castillo también alberga otros espíritus desconocidos, como el del niño que grita por los pasillos diciendo que no quiere montar, o los niños que se escuchan jugando cada día en la torre de la prisión. También se habla de una niña con un hombre a caballo en la antigua cocina, que en su día fue la caballeriza.
En la torre Curfew, se escuchan misteriosos pasos cada noche, y en ocasiones las campanas repican sin explicación alguna. Además, cerca de la capilla de San Jorge, apareció una noche un grupo de estatuas que sorprendió a los visitantes, ya que no figuraban en la guía de la visita. Al preguntar al guarda, este aseguró que no se había colocado ningún grupo de estatuas en ese lugar. Cuando los visitantes volvieron, las estatuas ya no estaban.
Si alguna vez visitáis el Castillo de Windsor, estad atentos a lo que podáis ver y escuchar. Quizás haya muchas más sorpresas de las que pensáis.
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