NI TONTAS NI AGUANTONAS
¡Ni tontas ni aguantonas! Hay personas que, cuando toleran demasiado de los demás y perdonan lo imperdonable, se ganan muchas veces este título. Nada más injusto; el que lo ha vivido sabe lo que se siente: estar dentro de una muralla que no es física, pero sí mental. La difícil palabra "NO MÁS" no sale de la boca no por falta de neuronas o sentido común, sino por falta de amor propio.
Se vive esperando la aceptación, un simple reconocimiento, una palabra amable por lo menos... palabras que no se escuchan y que, al contrario, a veces son reemplazadas por rechazo, desaprobación y falta de respeto. Muchos opinan: "¿Hasta cuándo aguantas? ¿Por qué permites? ¿Qué tonto o tonta eres?" Y se van dando frases poco empáticas hacia esas personas que saben que hacen mal al permitir, pero no saben cómo parar.
¿Será miedo al abandono? ¿Miedo a la soledad? ¿Miedo al desamor, a la deslealtad, a la ingratitud? Miedo de todo, pero lo cierto es que los días transcurren con más y más abuso que solo hacen huecos en el corazón. Pero todo tiene un límite, todo tiene un final. Hay un momento para cortar con ese mal hilo conductor; hay un momento para decir no al abuso de poder, al abuso de confianza, al abuso físico.
Cuando llega el cansancio, el hastío, cuando te sientes acorralado/a con tanto golpe, y sientes que del piso ya no puedes bajar más, es un instante de lucidez, un momento de franqueza con uno mismo, una pequeña fibra de luz que entra al alma y empieza el camino de recuperarse y recuperar la dignidad y el amor por uno mismo. Es allí cuando el gran perdedor sale corriendo porque el que se extravió se ha encontrado.
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