OS LUSÍADAS (Canto Primero XXVIII A XXXIII)
XXVIII.
«Prometido les es del hado eterno,
Cuya ley ser no puede quebrantada,
Que tengan largos años el gobierno
Del mar que ve del sol la roja entrada:
En el agua han pasado el duro invierno
Va perdida la gente y trabajada;
Y justo ya parece que le sea
Mostrado el nuevo suelo que desea.
XXIX.
«Y porque, como visteis, han pasado
En el viaje tan ásperos castigos,
Tantos climas y cielos han probado,
Tanto furor de vientos enemigos,
Que sean acogidos he pensado
En la africana costa como amigos
Y allí repuesta la cansada flota,
Que torne á proseguir su alta derrota.»
XXX.
Estas palabras Júpiter decía,
y los Dioses por órden respondiendo,
Uno de otro en el juicio difería,
Razon diversa dando ó recibiendo.
El padre Baco allí no consentía
De Jove en el acuerdo, conociendo
Que acabará su gloria del Oriente,
Si fuere allá la Lusitana gente.
XXXI.
De los Hados oyó que llegaría
Una gente fortísima de España,
Por alto mar, la cual sujetaría
Cuanto del Indio suelo Dóris baña,
Y con nuevas victorias vencería
Toda fama anterior suya ó extraña,
Haciéndole perder la excelsa gloria,
De que Nisa aun celebra la memoria.
XXXII.
Ve que tuvo ya al Gánges sometido,
Y nunca lo quitó fortuna ó caso
Por vencedor del Indo ser tenido
De cuantos beben linfas del Parnaso:
Su nombre teme ver, que esclarecido
Hoy suena, descender al negro vaso
Del agua del olvido, si allí aportan
Los Portugueses que los mares cortan.
XXXIII.
Militaba en su contra Vénus bella,
Aficionada á gente Lusitana,
Por cuantas calidades via en ella
De la que antes amó tanto Romana:
Por su gran corazón, su grande estrella,
Ya probada en la tierra Tingitana:
Por la lengua, que ser se le imagina,
Con corruptela breve, la Latina.
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