OS LUSÍADAS (Canto Segundo IX A XVII)

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IX.

Y despues de que al Rey le presentaron

El mensaje y los dones que traian,

La ciudad recorrieron y observaron,

Si bien menos de aquello que querian;

Que los moros astutos se guardaron

De todo les mostrar lo que pedian:

Que es propio el recelar de obrar no bueno,

Y lo hace imaginar del pecho ajeno.

X.

Mas aquel que por jóven siempre pasa,

Con belleza perpétua, y fue nacido

De dos senos y el mal urde sin tasa,

Por ver al náuta Luso destruido,

De la ciudad moraba en una casa,

Con rostro humano, en hábito fingido:

Decíase cristiano y culto hacia

En un suntuoso altar que construia.

XI.

Allí tiene en retablo figurada

Del Espíritu Santo la escultura:

La cándida paloma bien labrada

Sobre la única fénix Vírgen pura.

La compañía santa está imitada

Tan propia de los doce en la figura,

Cual, de los que entre lenguas que cayeron

De fuego, libros santos refirieron.

XII.

Y los dos camaradas conducidos

Donde con este engaño Baco estaba.

Ponen la vista en tierra, y los sentidos

En aquel Dios que el mundo gobernaba.

Los plácidos aromas, producidos

Por Pancaya odorífera, quemaba

El de Thion; y así con fraude artero,

El falso dios adora al verdadero.

XIII.

Aquí fueron de noche agasajados

Con todo honesto tratamiento digno

Los dos Lusos, no viendo que, engañados,

Tienen por santo el fingimiento indigno,

Mas así que los rayos derramados

Al universo van del sol benigno,

Y por la puerta asoma del Oriente

La moza de Titon la roja frente:

XIV.

Vuelven moros de tierra con recado

Del Rey para que entrasen, y consigo

Llevan los que el de Gama hubo mandado,

De quien mostróse, el Rey sincero amigo.

Y habiéndose el caudillo asegurado

De no tener recelo de enemigo

Y que gente de Cristo en tierra habia,

Por la ofrecida barra entrar queria.

XV.

Los que mandó le dicen que allá vieron

Aras sagradas, sacerdote santo:

Que allí se confortaron, y durmieron

Cuando tendió la noche el negro manto.

Y que en el Rey y gente no advirtieron

Sino contentamiento y gusto tanto,

Que no podia haber arte suspecta

En conducta tan clara y tan perfecta.

XVI.

Con esto el noble Gama alegremente

Recibia á los moros que subian;

Que ánimo fiel se fia fácilmente

De muestras que verdades parecian.

La nao se henchia de perversa gente;

Su circo de los barcos que traian:

La turba alegre vá, pues se figura

Que ya la ansiada presa está segura.

XVII.

En tierra cautamente aparejaban

Municion y armas, porque así que viesen

Que en el rio las naves ancoraban,

Escalarlas impávidos pudiesen;

Y de traicion tan útil esperaban

Que á todos los Lusiadas destruyesen,

Pagando incautos, en tan duro estrecho,

El mal que en Mozambique tienen hecho.

OS LUSÍADAS (Canto Segundo IX A XVII)
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Joaquim Ferreira

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