OS LUSÍADAS (Canto Segundo LXIII A LXXI)
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LXIII.
«Ve lejos de la costa discurriendo,
Y hallarás otra tierra de verdades,
Casi junto de allí dó el sol ardiendo
Iguala sombra y luz en cantidades:
Allí tu flota afable recibiendo
Un rey, con bien seguras amistades,
Amparo te dará con alegría,
Y para el Indo cierto, y sabio guia.»
LXIV.
Dice, y del Dios se borra la figura
Al Capitan, que con muy grande espanto
Despierta y ve romper la sombra oscura
Una súbita luz y rayo santo;
Y la verdad del sueño viendo pura,
Y la impia tierra que amenaza tanto,
Con mente nueva, á su maestre ordena
Que las velas dé al punto al aura amena.
LXV.
«Da, da las velas (dice) al largo viento,
Que el tiempo es de favor y Dios lo manda;
Y un mensajero vi del claro asiento
Que en pro no más de nuestros pasos anda.»
En esto ya comienza el movimiento
De marineros de una y otra banda,
Que tiran de las áncoras, gritando,
Las rudas fuerzas útiles mostrando,
LXVI.
En esto que las anclas levantaban,
En la sombra los Moros escondidos,
Las amarras, muy quedo, les cortaban,
Porque á las costas fueran sacudidos.
Mas con vista de lince vigilaban
Los Portugueses, siempre apercibidos;
Y aquellos que, en alerta, ya los vieron,
No remando, volando, se fugieron.
LXVII.
Ya las agudas proras apartando
Iban las moles húmedas de plata:
Soplándoles va el aire igual y blando,
Con ráfaga benigna, fresca y grata:
De los pasados riesgos van hablando;
Que la memoria dura y se aquilata
En los grandes peligros, dó se acierta
De la tumba a escapar que estaba abierta.
LXVIII.
Dado habia una vuelta el sol ardiente,
Y otra nueva empezaba, cuando miran
Dos naves, desde lejos, blandamente
Navegando á los vientos que respiran:
Que seria juzgaron Máura gente,
Pues las velas, al verlos cerca, viran.
Uno del mal pasar que recelaba,
Por salvarse, la costa bien tomaba.
LXIX.
No el otro que se queda es tan mañoso:
Que cae en el poder del Lusitano,
Sin el rigor de Marte pavoroso,
Ni las horrendas furias de Vulcano;
Que como débil era y temeroso,
Aquel corto rebaño mauritano,
Resistirse no quiso, conociendo
Que peor lo pasara resistiendo.
LXX.
Y como tanto Gama desease
Piloto para el Indo que buscaba,
Pensó que de estos Moros le tomase:
Mas no le sucedió como trataba,
Que ninguno encontró que le enseñase
A qué parte del cielo la India estaba;
Si bien dícenle allí que no remoto,
Melinde está, donde hallará piloto.
LXXI.
Loan del Rey los Moros las bondades,
Condicion liberal, franca y sincera,
Ímpetus compasivos y piedades,
Y lo que por su grey se le venera.
No duda el Capitan de estas verdades,
Porque ya de esta suerte lo supiera
Del Cilenéo, en sueño; así partieron,
Donde el sueño y el Moro les dijeron.
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