OS LUSÍADAS (Canto Segundo XVIII A XXVI)
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XVIII.
Las áncoras tenaces van levando,
Con la grita nautil acostumbrada:
De la proa las velas solo dando,
A enfilar van la barra, de bordada.
Alas la bella Ericina, que guardando
Iba siempre á su gente denodada,
Viendo la gran celada, tan secreta,
Del cielo al mar se lanza, cual saeta.
XIX.
Llama á las bellas hijas de Neréo,
Y á la demas cerúlea compañía;
Que por nacer del piélago Eritréo
Toda marina grey la obedecia;
Y la ocasion propuesta y su deseo,
Con todas juntamente allá partia,
Para impedir que el portugués llegase,
Donde en lugar de gloria, tumba hallase.
XX.
Ya del agua aventando van de priesa
Con las colas de plata blanca bruma
Con pechos de marfil Doto atraviesa,
Con no usado vigor, la hirviente espuma:
Salta Nise, Nerina se arrepesa
Sobre la crespa mar con fuerza suma;
Y abren senda las ondas encorvadas,
De miedo á las Nereidas conjuradas.
XXI.
En hombros de un Triton, con rostro inceso
Dione, aunque divina, vá furiosa:
No siente el que la lleva el dulce peso,
De soberbio con carga tan hermosa.
Ya cerca llegan donde el aire opreso
Hinche el lino á la gente belicosa:
Y repártense y cercan al instante
Las ráudas naves que iban por delante.
XXII.
Vénus, con otras, corta á breve trecho
La proa capitana; allí cerrando
El camino á la barra están derecho:
En vano el aire entró la vela hinchando;
Ponen contra el tajante el blando pecho,
La fuerte nave para atrás forzando
Cercándola en redor, muchas la alzaban,
Y de la adversa tierra la apartaban.
XXIII.
Como á su cueva próvidas hormigas
Llevando el grave peso bien cargado
Las fuerzas ejercitan, enemigas
De su grande enemigo invierno helado:
Allí son sus trabajos y fatigas:
Aquí muestran vigor nunca esperado
Así andaban las ninfas impidiendo
Del bravo portugués el fin tremendo.
XXIV.
La nave para atras se precipita,
Magüer de los que lleva, que clamando
Bajan velas: la gente más se agita
A un bordo y otro cables arrastrando:
El mestre activo de la popa grita,
Viendo como delante amenazando
Le está un grande marítimo rochedo
Que de romper la náo pone miedo.
XXV.
El vocerío airado se levanta
Del marinero: en el confuso embate
El bronco estruendo á la morisma espanta,
Como si viesen hórrido combate:
Ignoran la razon de furia tanta:
No saben quién les valga ó desbarate:
Piensan que sus engaños son sabidos
Y que han de ser por eso allí oprimidos.
XXVI.
Ved cual muchos de pronto se lanzaban
A los barcos veloces que traian,
Y unos el agua en alto levantaban
Brincando al mar y á nado se fugian:
De este á aquel bordo los demas saltaban,
Movidos del temor que en otros vian:
Que antes que á sus contrarios entregarse,
Quieren al hondo mar aventurarse.
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