OS LUSÍADAS (Canto Tercero CVI A CXII)

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CVI.

«De igual modo la tímida María
Hablando está, que Vénus triste cuando
A Júpiter su padre le pedía
Por hijo que el Tirreno está sulcando;
Y con tanta piedad le conmovía,
Que soltando a sus pies el rayo infando,
Todo lo otorga el padre, de amor loco,
Pesándole que pídale tan poco.

CVII.

«Pero ya del tropel de gente armada
Los Eborenses campos van cuajados:
Brillan al sol arnés, lanza y espada,
Los caballos relinchan enjaezados;
Y la canora trompa enlistonada
Los pechos, a la paz acostumbrados,
Va incitando al combate, con sus ecos,
Que zumban de los valles por los huecos.

CVIII.

«En medio y entre todos se sublima,
Do las insignias reales adornado,
El valeroso Alfonso, que por cima
De todos se levanta decorado.
Con su aspecto no más mueve y anima
A cualquier corazón amedrentado;
Y con la hija así que en ella manda,
A entrar va de Castilla por la banda.

CIX.

«Dan a los dos Alfonsos finalmente
Los campos de Tarifa ancho horizonte,
Que tapa multitud de Máura gente,
Para quien son estrechos campo y monte.
No hay corazón tan alto y tan potente
Que con gran desconfianza no se afronte,
A menos que conozca y claro vea,
Que con sus brazos Cristo es quien pelea.

CX.

«Del cristiano poder están riendo
Los de Agár en el campo muy vecino,
La tierra de antemano repartiendo.
Con que ya cuenta el fiero damasquino;
Y el que, con falso título, luciendo
Está el famoso nombre Sarracino,
Así también la tierra que circunya,
Con cuenta equivocada, llama suya.

CXI.

«Como el membrudo bárbaro gigante,
Del Rey Saúl con causa tan temido,
Viendo al pastor inerme de él delante
De esfuerzo y piedras solo apercibido,
Con palabra soberbia y arrogante
Desprecia al flaco mozo no vestido,
Que de la honda al son lo desengaña
De que más puede fe que fuerza y maña:

CXII.

«Del mismo modo el Máuro la firmeza
Desprecia de los fieles, y no entiende
Que aquella alta divina fortaleza,
De quien tiembla el infierno, les defiende.
Con ella el Castellano y con destreza,
De Marruecos al Rey embiste, ofende;
Y temblar hace al Moro de Granada
El Luso que la vida pone en nada.»

OS LUSÍADAS (Canto Tercero CVI A CXII)
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Joaquim Ferreira

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