OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Noveno LXVI a LXX)
Canto Noveno (LXVI a LXX)
LXVI
Mas los fuertes mancebos, que en la playa
Ponen el pie, de tierra codicioso,
Que no hay ninguno de ellos que no vaya
De hallar agreste caza deseoso,
No cuidan que, sin lazo ó redes, haya
Caza, por aquel monte deleitoso,
Tan doméstica, suave y peregrina
Como herida la tiene ya Ericina.
LXVII
Unos que en espingardas y en ballestas
Para herir á los ciervos se fiaban,
A los sombríos bosques y florestas
Determinadamente se lanzaban:
Otros por sombras, que en ardientes siestas
Los céspedes defienden, paseaban
Junto á un arroyo, que en su curso sabe
Ir al mar entre piedras manso y suave.
LXVIII
Mas empiezan á ver súbitamente
Por entre rama verde otros colores:
Colores que la vista juzga y siente
Que no son ni de rosas ni de flores,
Mas de lana ó sutil seda luciente,
Que á los sentidos habla de amadores,
Con que para ostentarse más hermosas,
Vestirse suelen las humanas rosas.
LXIX
Da Belloso asombrado un alto grito,
Y dice: «Amigos, caza estraña es esta:
Si es que aun dura el gentil antiguo rito,
Consagrada está á diosas la floresta;
Y descubrimos hoy más que fue escrito,
Y á deseo mortal se manifiesta:
En verdad que altas cosas y escelentes,
Se muestran á los hombres imprudentes.
LXX
«Sigamos á estas diosas, y veamos
Si fantásticas son, ó verdaderas.»
Esto dicho, veloces más que gamos,
Se lanzan á correr por las riberas.
Ellas huyendo van entre los ramos,
Aunque más industriosas que ligeras,
Dando gritos, si luego sonriendo,
Se dejan de los galgos ir cogiendo.
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