OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Noveno LXXXI a LXXXV)
Canto Noveno (LXXXI a LXXXV)
LXXXI
«Con esperanza tal te voy siguiendo:
Que, ó tú no sufrirás el peso de ella,
O la nueva virtud ella sintiendo
De tu hermosura, cambiará su estrella:
Y si ha de ser así, ¿qué haces huyendo
Pues puede herirte Amor, gentil doncella?
Y tú me esperarás si Amor te hiere,
Y si esperas, no hay, nada que no espere.»
LXXXII
Mas la ninfa amorosa tarda tanto
En dar cara al doncel que la seguía,
Solo por ir oyendo el dulce canto
De enamoradas cosas que decía:
Y el rostro al fin volviendo, y dulce encanto,
Todo en risa bañado y alegría,
Caer al pie del vencedor la place,
Que todo en amor vivo se deshace.
LXXXIII
¡Oh qué besos de fuego en la floresta,
Y qué mimoso acento resonaba!
¡Qué plácidos suspiros...! ¡Qué ira honesta
Que en sonrisas alegres se tornaba...!
Y lo demás que por mañana y siesta
Vénus con sus placeres inflamaba
Es mejor el probarlo, que el juzgarlo:
Júzguelo, pues, quien no puede probarlo.
LXXXIV
De este arte, así conformes las hermosas
Ninfas con sus amados navegantes,
Los ornan de coronas deliciosas
De láuro, y de oro, y flores abundantes:
Les dan las blancas manos como esposas;
Y con tratos de ley estipulantes,
En vida, en muerte, en pena, en alegría,
Se prometen eterna compañía.
LXXXV
Prefeito de Una de ellas, á quien con celo
Todo el coro de ninfas obedece,
Que dicen hija ser de Vesta y Cielo,
Al que en el bello rostro se parece,
De maravilla hinchendo el mar y el suelo,
Al Capitán, que tanto amor merece,
Mostrándose señora grande, egregia,
Recibe allí con pompa honesta y regia.
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