OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Quinto LXXXI a LXXXV)
Luís de Camoés (Canto Quinto, LXXXI a LXXXV)
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LXXXI.
Ocurrió que de un mal (de que ni idea
Jamás tuve), cruel, sucio, acabáran
Muchos cuerpos, y en tierra estraña y fea,
Para siempre sus huesos se enterráran.
Sin verlo, ¿habrá quizá mortal que crea,
Que tan disformemente allí se hincharan
Las encías, que, mientras que crecia,
En la boca la carne se podria?
LXXXII.
«Pudríase con peste y maleficio
Tanto, que el aire en torno inficionaba:
De médico no habia el beneficio,
Y menos cirujano hábil se hallaba:
Mas cualquiera, no docto en ese oficio,
Por la podrida carne así cortaba,
Cual si de muerto fuese; y convenia:
Que á quien no la cortaban, se moria.
LXXXIII.
«En fin, en esta incógnita espesura
Dejamos, para siempre, camaradas
Que en tal camino y tanta desventura
Nos siguieron, con almas esforzadas.
¡Cuán fácil halla el cuerpo sepultura!
Cualquiera mar o tierras apartadas,
Cualquier otero humilde, cual los de esos,
De los más grandes guardará los huesos.
LXXXIV.
«Así que del fatal lugar partimos,
Con fe mayor, si con mayor tristeza,
Y por la costa abajo el mar abrimos,
Buscando signos de mejor certeza,
En la infiel Mozambique nos metimos:
De cuya falsedad y gran vileza
Ya serás sabedor, con los villanos
Actos de los Mombazes inhumanos.
LXXXV.
«Luego vinimos á tu fácil puerto
Dó al suave goce de tu genio grato,
Que salud dará á un vivo y vida á un muerto.
Nos trujo el hado, al fin, benigno un rato.
Aquí reposo, aquí dulce concierto,
Aquí el consuelo de tu dulce trato
Hallamos; y vé aquí, si atento oiste,
Que todo te conté cuanto pediste.
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