Prepara tu piel para el verano en cuatro pasos

Debemos preparar la piel con antelación para minimizar los daños ante la exposición solar.

La piel cumple una función esencialmente protectora, por lo que mantenerla cuidada y saludable es importante tanto para hombres como para mujeres, especialmente antes del verano, que es la época de máxima exigencia. El alto incremento de la exposición solar, las altas temperaturas, el contacto con el agua salada del mar, la arena de la playa, el viento, el cloro de las piscinas y los grandes cambios de temperatura que se producen con los aires acondicionados hacen necesario que nuestra piel se encuentre en las mejores condiciones. Además cuanto mejor esté preparada y cuidada, mejor será la síntesis de la melanina y más bonito y sano será nuestro bronceado.

Aunque para mantener una piel saludable debe cuidarse durante todo el año, lo ideal es comenzar a prepararla para el sol un par de meses antes del verano mediante la exposición paulatina y una sencilla rutina de cuidado corporal.

1. Exponerse gradualmente al sol

Durante la primavera, nuestro cuerpo se va preparando progresivamente para los rigores de la estación estival: más horas de luz y de sol, temperaturas más altas… Es en ese momento cuando debemos aprovechar para ir preparando también nuestra piel ante la alta exposición a los rayos UV a la que se verá sometida en verano. Y para sacar más provecho de la síntesis de la vitamina D que nos proporciona el sol.

La exposición solar debe ser gradual y siempre con protección solar. Podemos aprovechar para dar paseos, salir a los parques o sentarnos un rato en el balcón o el jardín de casa. Al comenzar no es conveniente estar mucho rato expuestos, sino hacerlo de manera progresiva. La transición de las prendas de invierno a otras más ligeras que dejan expuestas más zonas de la piel también nos va a permitir que nuestras células vayan sintetizando la melanina de forma paulatina y que nuestra piel vaya adquiriendo poco a poco ese comienzo de bronceado de forma mucho más saludable y duradera.

2. Limpieza profunda

Preparar la piel para los rigores del verano y conseguir un bronceado más uniforme requiere, en primer lugar, una limpieza profunda que elimine las células muertas y las impurezas acumuladas en el día a día. Y para ello lo mejor es utilizar un exfoliante corporal y uno facial para la zona más sensible del rostro. Podemos adquirirlos en el mercado o podemos hacer uno natural en casa, a base de azúcar, miel o avena. Se debe aplicar de manera uniforme por todo el cuerpo, teniendo especial cuidado en la zona del rostro, el escote y los hombros, muy expuestos a la radiación solar y muy sensibles a sus efectos.

Si además queremos aprovechar para activar la circulación sanguínea y conseguir una mejor renovación celular, podemos utilizar un guante de sisal, hecho con fibras 100% naturales e hipoalergénicas.

3. Hidratación

El siguiente paso una vez hemos conseguido la limpieza profunda de la piel es hidratarla correcta y constantemente. Aprovechando que los poros están más abiertos, los productos hidratantes que aportan luminosidad y suavidad van a penetrar mejor en la piel, maximizando sus beneficios. Podemos optar por cremas, sérums y aceites nutritivos e hidratantes. Este paso es importante porque en invierno no solemos prestar tanta atención al cuidado de la piel y es común que esta se encuentre más reseca y agrietada.

4. Alimentación

La preparación de la piel para el verano de forma externa es insuficiente si olvidamos cuidarla de forma interna. Y una alimentación correcta y equilibrada, así como una buena hidratación son imprescindibles para que la piel, y en general, todo el organismo, se mantenga saludable durante todo el año.

Las frutas y las verduras ricas en betacarotenos son una fuente de antioxidantes que ayudan a las células a reducir el impacto de los radicales libres sobre el organismo que genera, entre otras cosas, la exposición solar. Alimentos como el tomate, la zanahoria, el melón o el albaricoque deben formar parte de nuestra dieta para el cuidado de la piel frente al sol, ya que estimulan la síntesis de melanina, que puede ayudar a conseguir un bronceado más saludable y uniforme.

Vitaminas como la A y la E tienen propiedades antioxidantes, por lo que también debemos incluirlas en nuestra alimentación. Pescados como el salmón y la caballa son fuentes de vitamina A, mientras que la vitamina E la encontramos en los aceites vegetales y algunos cereales.

Junto a la alimentación es importante la hidratación. No sólo debemos beber agua cuando tenemos sed, sino hacerlo de forma constante, especialmente en verano, cuando el calor es más intenso y perdemos más líquidos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el adulto promedio beba entre 2 y 2.5 litros de agua al día. El agua es vital para el organismo y para mantener cuidada y saludable nuestra piel en particular.

Prepara tu piel para el verano en cuatro pasos
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This article was written by:

David Queraltó Torres

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