OS LUSÍADAS (Canto Tercero LXXI A LXXVII)
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LXXI.
«¡Oh famoso Pompeyo, no te pene
De tus hazañas ínclitas la ruina,
Ni el ver que justa Némesis ordene
Victoria contra ti del suegro dina!
Y por más que tu nombre el Síner lleno
Que la sombra ningún estremo inclina,
El Fásis frío, el Bótes congelado,
Y de la Línea el límite abrasado;
LXXII.
«Y aunque domes a Arabía, y los feroces
Heniócos, y los Cólcos, cuya fama
Dice el áureo vellón: los Capadoces;
Y a Judea, que a un Dios adora y ama:
Los blandos de Sofène, y los atroces
Cilicios, y la Armenia, que derrama
Las aguas de dos ríos, cuya fuente
Está en monte más santo y eminente:
LXXIII.
«Y aunque, en fin, desde el mar este de Atlante
Hasta el Scítico Táuro cerro erguido
Vencedor te temblaren, no te espante
Si el Emátio una vez te vio rendido:
Porque verás a Alfonso, antes triunfante
De todos y soberbio, ser vencido.
Quísolo así el consejo divo, eterno;
Que a aquel venciera el suegro y a este el yerno.
LXXIV.
«Ya vuelto el Rey sublime finalmente
Por el divino juicio castigado;
Después que en Santarém osadamente
Del Sarraceno en vano fue cercado,
Y después que del gran mártir Vicente,
El santísimo cuerpo venerado
Del sacro promontorio tan sabido,
A la ciudad de Ulises fue traído:
LXXV.
«Porque su ansiado plan lleve adelante,
Al hijo fuerte manda el laso viejo
Que, con hueste y apresto fulminante
Marcial la tierra embista de Alentejo.
Sancho, de esfuerzo y ánimo pujante,
Pasa, y pronto correr hace vermejo
El río que a Sevilla va regando,
Con sangre vil del Sarraceno infando.
LXXVI.
«Y con esta victoria, más ansioso,
Ya no descansa el mozo hasta que mira
Otro estrago, cual este temeroso,
En el infiel que a Beja en torno gira.
No tardó mucho el Príncipe dichoso
Sin realizado ver lo que suspira;
Con que rabioso el Moro, en la venganza
De sus pérdidas, pone su esperanza.
LXXVII.
«Júntanse los del monte a quien Medusa
Le hizo perder el cuerpo de antes feo:
Vienen del promontorio de Ampelusa,
Y del Tingo, que asiento fue de Anteo.
Del Ábila la gente, no se excusa
Do llevar a la empresa armas y arreo;
Y se alza, al son de la morisca tuba,
Todo el reino que fue del noble Juba.
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