OS LUSÍADAS Luís de Camoés (Canto Sesto XXXI a XXXV)
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XXXI
«Yo vi contra los Minias, que primera
Senda cual esta en vuestro reino abrieron,
Cual Boréas y Aquilón, con saña fiera,
Y otros hermanos combatir supieron;
Si pues la corta unión aventurera
De vientos esa injuria repelieron,
Vosotros, a quien toca hoy la venganza,
¿A qué aguardáis? ¿Qué os mueve a la tardanza?
XXXII
«Ni creáis que del cielo al mar tendido
Por amor vuestro de venir me alabe;
Ni por la injuria atroz que habéis sufrido,
Sino por la que a mí también me cabe;
Que aquel honor escelso que he adquirido,
Cuando a mi ley sujetas cual se sabe,
Dejé las Indias, tierras del Oriente,
Todo a los pies le miro de esta gente.
XXXIII
«Que el Señor y los hados, que se dignan
De dar, cual les parece, al hombre impuro
Fama aún mayor que aquella que designan
Por el mar a esta gente en lo futuro,
Aquí veréis ¡oh dioses! como asignan
Daño a dioses también, que de seguro
El hombre va a valer más, en su esfera,
Que quien con más razón valer debiera.
XXXIV
«Por esto aquí desciendo, algún consuelo
Buscando cual remedio a mis pesares;
Por ver si el precio que perdí en el cielo,
Por dicha puedo hallar en vuestros mares.»
Quiso seguir, y no siguió, que el duelo
Le ahogó la voz, y lágrimas a pares
Saltaron de sus ojos; con que en fragua
Se abrasaron los númenes del agua.
XXXV
La llama del furor, con que alterado
El pecho de los dioses fue en momentos
No sufre ya consejo meditado,
Ni mayor dilación ni aplazamientos;
Y al grande Eolo mándanle recado,
De parte de Neptuno, que los vientos
Suelte con sus furores más pujantes,
Con que en la mar no queden navegantes.
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